martes, 24 de diciembre de 2013

Feliz 2014

o «Comerse la galleta»
Antes, cuando varias personas se reunían para charlar y comer galletas, siempre llegaba el momento en que solo quedaba una en el plato y alguien preguntaba «¿Puedo coger la última galleta?». Pero hoy, que las preguntas han logrado suscitar mayor expectación que las respuestas, la misma escena no transcurriría con la misma naturalidad y el sujeto en cuestión pasaría un buen rato debatiéndose ante la fórmula más adecuada:
«¿Qué pensaríais de mí si yo cogiera esa galleta?»
o
«¿Alguien siente alguna ligera inclinación hacia esa galleta?»
o
«¿No os molesta ver esa galleta ahí sola en un plato tan grande?» 
y si la respuesta fuera SÍ
«¿Y qué pensaríais de mí si yo cogiera esa galleta?»

Es por eso que cada vez resulta más difícil felicitar las fiestas y el año nuevo con las fórmulas genéricas de siempre, por lo que a continuación os dejo una batería de felicitaciones y que cada cual se acoja a la que más le convenga:
  • Si consideras que el 2013 solo te ha aportado satisfacciones: te deseo que el 2014 te deje igual de satisfecho, pero esta vez sin drogas.
  • Si el 2013 te ha resultado simplemente llevadero: te deseo que el 2014 lo lleves igual de bien y, a ser posible, te animes a ampliar tus expectativas.
  • Y por último, para el caso que el 2013 haya sido para ti un año de mierda: te deseo que lo guardes en tu memoria como EL GRAN año de mierda, ergo el 2014 y todos los que vengan serán necesariamente mejores.

Un beso muy grande y comeros la galleta.

martes, 26 de noviembre de 2013

El fenómeno «Krankenschwester»

La práctica de la inmersión ha venido ofreciendo buenas prestaciones siempre que se ha realizado en los medios adecuados: el agua hirviendo (por aquello de que lo arranca todo), el agua del mar (por aquello de que hay mucha), el agua del Carmen (por aquello de la salud) o el agua bendita (por aquello de que es mentira). Muy diferente, sin embargo, ha sido cuando dicha práctica se ha exportado al campo de la enseñanza, pretendiendo que la materia a impartir sea una especie de enorme sopa donde el alumno —un fideo seco— va a «engordar» en conocimientos por el simple hecho de sumergirse en ella. Pero de entre las tentativas de inmersión académica más arriesgadas, indudablemente se halla la que se viene realizando con el idioma alemán que, como todo el mundo sabe, es una «sopa» cuyo grado de fluidez oscila entre el arroz con leche y el flan de vainilla. Y aunque aún no existen estudios que certifiquen la imposibilidad de emplear la inmersión para impartir dicho idioma, sí se ha comprobado que su práctica obliga al alumno al peregrinaje a lo largo de tres estadios dignos de ser inmortalizados en un retablo:
1.   Las primeras clases o «El infinito bucle de los horrores»: todo el mundo está perdido y se agarra a lo escrito en la pizarra como si de un bote salvavidas se tratase.
    ¿Qué es eso de Die Frage?
    Es «la pregunta»: Wie heißen Du?
    ¿... Du?
    ¿Cómo te llamas?
    Yo, Lola.
    No, que esa es la pregunta.
    ¿Qué pregunta?
    ¡Cómo te llamas!
    ¡Yo, Lola!
2.   A mitad de curso o «Nacemos en un valle de lágrimas»: la sensación de ignorancia se acrecienta y el alumnado reacciona al modo del ignorante estándar: desconfiando y con acritud.
   Welche Uhr haben Sie?
    ¿Todo eso para decir «tienes hora»¿en serio? ¿no hay otra forma más simple?
    Sí; éste sería el modo formal, pero luego veremos otros más sencillos.
    Eso lo dice usted ahora, pero de ahí a que lo cumpla…
    Pues veamoslas ahora: para preguntar la hora de un modo más
    No no no. Mejor hagamos un trato:usted lo deja ahí y yo me compro un reloj.
3.   Durante las últimas clases o «Bienvenido al Super-Wok»: tras superar diversos escollos, una falsa sensación de euforia invade el aula, así como la profusión de conversaciones de difícil digestión.
    Halo. Ich bin Zeichner.
    Guten Tag. Mein Bruder ist Uhrmacher.
    Danke. Dein Nachbar hat einen Papagei.
  ¡Eh! a mi padre ni tocarlo.
Sin embargo, la experiencia demuestra que tras dicho peregrinaje, el alumno efectivamente emerge totalmente rebozado en arroz con leche y SÍ, también sabiendo algo de alemán, con algunas excepciones:
    Welche sprechen Sie?
    ¡Yo, Lola!
Porque no se debe caer gratuitamente en el pesimismo de «es un idioma tan difícil…»; piense usted un instante en los pobres alemanes que no han tenido otra alternativa y que no se quejan; que por rematadamente rubios que sean no se les puede negar que son infinitamente más sacrificados y disciplinados que nosotros y que, sin duda, ahí reside la explicación al fenómeno «Krankenschwester».

Y es que lo más sorprendente no es que con semejante pitote alfabético sean igualmente capaces de decirse cosas bonitas o que no padezcan todos una luxación crónica de garganta; lo verdaderamente fascinante es que condenados como están a pronunciar Krankenschwester solo para hacer venir a una enfermera, estuvieran tan, tan a puntito de ganar la guerra.

martes, 5 de noviembre de 2013

Demasiado MARACUYÁ (2)

Por no decir FRUSTRACIÓN, que entonces pasan de largo.

La primera parte de este didáctico post sobre el maracuyá dejó en el aire la justificación de la segunda gran verdad que recoge al respecto la 1ª Ley de la termodinámica: «el maracuyá no se destruye, solo se transforma»
Para el caso de que sea usted uno de esos irresponsables que aún no sabe en qué transforma sus cosas, puede salir de dudas mediante el mundialmente conocido TEST DEL MARACUYÁ:
1.   La vecina de al lado, que tanto le gusta, lo mira a usted como si hubiera matado a su gato (y eso que ya le explicó que fue un accidente). Usted:

A) Encarga una réplica en látex (de la vecina, no del gato) y duerme con ella hasta el fin de sus días.
B) Comprende que el luto por el gato la mantiene sumida en tal tristeza que no puede embarcarse en ninguna aventura romántica.
C) Repara, por primera vez, en la peca tan inadecuada que tiene esa mujer junto a la ceja.
D) Recupera su afición de fabricar miniaturas de tanques de la Segunda Guerra Mundial con palillos defectuosos.

2.   Su madre insiste en poner pimiento en todo lo que cocina por más que a usted le provoque urticaria. Usted:

A) Acompaña cada plato con un gin-tonic.
B) Comprende finalmente el sentido de «¡Estoy hasta las narices de tenerte a comer todos los días!» que su madre siempre profiere a través del interfono.
C) Se da cuenta de lo mucho que el pimiento tiene en común con las alcaparras (que le encantan).
D) Aparta uno por uno todos los trocitos de pimiento y los compone sobre la servilleta de modo que pueda leerse «MADRE NO HAY MÁS QUE UNA»

3.   Su jefe, mientras salía por la puerta, ha vuelto a encargarle un informe que va a estirar innecesariamente su jornada. Usted:

A) Atraca la máquina de auto-vending y redacta afanosamente con dos donettes por carrillo y un sugerente mostacho de chocolate.
B) Llega a la conclusión de que es el único empleado capacitado para escribir con solvencia a partir de las seis de la tarde. El resto se han convertido en calabazas.
C) Mira por la ventana y se convence de que esa preciosa esfera amarilla que pende del cielo es un preludio de guerra nuclear y, por tanto, es mucho más seguro quedarse en la oficina.
D) Redacta el informe «Idoneidad del paso de una línea de alta tensión a través de un campo de alcachofas» con versos alejandrinos.

4.   Sus amigos de toda la vida siguen refiriéndose a usted mediante un estúpido apodo acuñado durante su más tierna infancia. Usted:

A) Ya ni lo oye porque antes de quedar con ellos se pone hasta las cejas.
B) Descubre lleno de gozo que ellos aún lo ven a usted como el niño que fue.
C) Asume que ese mote es una palabra que en cualquier otro idioma podría significar cualquier otra cosa.
D) Borda con punto de cruz la camisa que siempre se pone para salir, con el mensaje «Saluda a PICHACORTA»

En conclusión:
  • Si ha contestado principalmente la opción A, usted COMPENSA el maracuyá mediante sustitutivos de dudosa moralidad.
  • Si se ha decantado más por la opción B, usted RACIONALIZA el maracuyá, con las limitaciones que le impongan sus capacidades mentales.
  • Si ha preferido la opción C, usted NIEGA el maracuyá, por lo que a ojos de sus semejantes es probable que parezca usted aún más tonto de lo que es realmente.
  • Si se ha sentido más familiarizado con la opción D, usted SUBLIMA el maracuyá es decir, reconduce la energía del maracuyá para crear cosas «bonitas». En tal caso significa que usted alberga inquietudes artísticas y tiene un espíritu sensible, por lo que puede afirmarse con total seguridad que el maracuyá va a ser el menor de sus problemas.

domingo, 27 de octubre de 2013

Demasiado MARACUYÁ (1)

Como todo el mundo sabe, hace mucho tiempo en un país muy lejano un kiwi se enrolló con una chirimoya. El resultado fue, además de un turbulento romance contra-natura (pues es bien conocido el fuerte temperamento sexual de los kiwis y no digamos el de las chirimoyas), el nacimiento de un nuevo espécimen en el firmamento frutero que recibió el acertado nombre de «fruta de la pasión».
La «fruta de la pasión» cosechó grandes éxitos en su país de origen sin embargo en el nuestro, acostumbrados a la delicada musicalidad de la «pa-ta-ta» y del «a-je-te», lo de «fruta-de-la-pasión» resultaba de muy mal pronunciar y en pocos días y de la forma más natural:
«FRUTA-DE-LA-PASIÓN» derivó en
«FRUTA-LA-PASIÓN» para seguir evolucionando hacia
«FRUTA-PASIÓN» y acabar quedándose en
«FRUTTASIÓN»
E inexplicablemente, la «FRUTTASIÓN» no gozaba del interés del libre mercado por lo que fue rápidamente rebautizada como maracuyá. Y aunque siguió sin venderse una mierda, lo cierto es que la historia tiene su gracia.
Pero lo más curioso del caso es que, al margen de los caprichos del mercado, el maracuyá no solo abunda sino que puede aparecer en el momento menos apropiado, y una noche en la intimidad de su hogar se dirige usted a la cocina para comerse una galletita salada y se enfrenta a la tragedia de que la caja está vacía; y ahí lo tiene: un maracuyá de dimensiones cósmicas.
Y es que por mucho que la comunidad científica se empeñe en negarlo (que no en demostrarlo) el asunto del maracuyá tiene bastante más enjundia de lo que pueda parecer de entrada. No en vano, existen estudios que demuestran que el maracuyá se rige por la 1ª Ley de la termodinámica: 
«EL MARACUYÁ NO SE CREA NI SE DESTRUYE, SOLO SE TRANSFORMA»
1. El maracuyá no se crea. Sencillamente porque éste ya viene de serie en el interior del individuo esperando la excusa más tonta para salir con una intensidad directamente proporcional al grado de expectativas depositadas (y fracasadas) del individuo que lo contiene:

  • Si el individuo tiene muchas esperanzas en el mundo y sus conciudadanos, además de ser un tontaina, padecerá de maracuyá hasta que se muera. También se ha demostrado que cuanto más avanzada la civilización, más predisposición al maracuyá.
  • Si por lo contrario sus expectativas vitales son las de un paramecio, entonces disfrutará de una feliz existencia totalmente libre de los efectos del maracuyá aunque con las comprensibles limitaciones de un organismo unicelular. Que hoy día con una sola célula se hace más bien poquito.
2. El maracuyá no se destruye, solo se transforma. Porque una vez ya se ha manifestado, el maracuyá lo acompañará mientras viva y lo único que podrá usted hacer será transformarlo en otra cosa por aquello de que nadie pueda decirle «Madre mía ¡tú tienes demasiado maracuyá
En todo caso, para saber en qué cosa se transforma tendrá usted que leer la segunda parte de este interesantísimo post. Mientras tanto, mantenga a sus kiwis bien alejados de las chirimoyas.

martes, 8 de octubre de 2013

El síndrome de la bata rosa


El día en que usted, rebosante de orgullo cosmopolita, entre por primera vez en uno de esos establecimientos poblados de mujeres orientales de baja estatura, ataviadas con uniforme rosa, tal vez crea que se trata de graciosas duendecillas y que acaba usted de llegar al país de las gominolas; pero se dará inmediata cuenta de su ingenuo error cuando una de ellas tire de su manga y lo aposte frente a una especie de trono con una palangana a los pies y le ordene:
-       Quita sapato y sienta ahí.
Verá que su trono forma parte de una hilera ocupada por otros como usted cuyos pies están en manos de las afanosas chinitas que faenan con la eficiencia de una rianxeira limpiando percebes. Seguramente decidirá usted parapetarse tras una revista mientras nota como el cepillo, los brochazos de desinfectante y varios objetos de naturaleza despreciable pasan a toda velocidad por todos y cada uno de sus deditos. Pero llegará un momento en que la actividad se detendrá bruscamente y una voz se dirigirá a usted en los siguientes términos:
-       ¿Aredonda o areta?
Y usted, aún profano en la materia, contestará con un socorrido «¿Eh?» a lo que ella replicará inmediatamente.
-       ¡Sí! ¡aredonda o areta!
Entonces comprenderá que ha llegado el «¿Te saco las tripas?» de la pescadería y usted mirará tontamente hacia sus pies pensando que va a encontrar ahí la respuesta. La china adopta una postura inmóvil y tensa mientras usted insiste en pasar lista: pulgar acabado con una graciosa curva, índice y corazón enrasados como si llevaran chapela y los dos borderline del final se rebelan apuntando un vértice. Acaba de descubrir que hacer uso de la coherencia tampoco va a servirle en esta ocasión. Mientras tanto, la china lo escruta empuñando su alicate y urge despertar su complicidad:
-       Las de las manos las llevo redondas —dirá usted mostrándoselas.
-       ¡Aredonda! —concluirá ella triunfante, ansiosa por proseguir su laboriosa tarea.
-      ¡No!... es que, mira las de en medio… están muy apuradas y rectas…
-       ¡Areta! —concluirá ella de nuevo, presa de un imparable frenesí.
-       ¡Espere! Me refiero a que, aunque quedarían mejor redondas, no creo que...
-       ¡Aredonda!
Y será en ese momento en el que usted al fin comprenderá que la cosa no va nada bien.
-     ¡Pero es que están demasiado cortas! —gritará por efecto de un pavor repentino— ¡no puede hacerse nada!
Y entonces, se producirá el inesperado giro dramático. Ella le escrutará gravemente, concentrando milenios de sabiduría ancestral en sus ojos y, con un tono innovadoramente ufano exclamará:
-       No ¡Yo puero hasé aredonda! —cimbreando rítmicamente su alicate en el vacío.
Y mientras usted se pregunta si existe algún motivo científico que explique por qué esas chinas (de mierda) no asumen con naturalidad las limitaciones geométricas de la carne, desde un rincón recóndito de su cabeza una voz le aconsejará que jamás ponga en jaque a una china vestida de rosa que empuña un alicate de acero quirúrgico, a menos que busque usted un final a lo Tarantino. Por lo que acabará claudicando:
-       Pues aredondas
Y hundirá la cara en la revista mientras se pregunta si al salir le entregarán sus menudillos coquetamente empaquetados con celofán.
Sin embargo cuando salga de allí con sus diez dedos bien saneados e intactos le parecerá que incluso camina más ligero, que el mundo es un lugar maravilloso y la gran muralla china, el mayor tesoro de la humanidad. La única salvedad es que en adelante no podrá ver una bata rosa sin ser presa de un repentino sudor frío.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Menos sombras, Caperucita.

O todo lo que usted necesita saber para copar las sobremesas familiares hablando de "CINCUENTA SOMBRAS DE GREY" 


Si a usted le hablaran de un tipo guapetón y misterioso que entiende de vinos y va a todas partes en su helicóptero, que en su tiempo de ocio ejerce de amo sádico y que tuvo una infancia traumática junto a una madre drogadicta que le apagaba las colillas en el pecho… su reacción natural como persona en su sano juicio bascularía entre una de estas tres reflexiones:
  • «Cada uno con su helicóptero hace lo que quiere» o
  • «No todos los que entienden de vinos, entienden realmente de vinos» o
  • «Es una historia desgarradora porque fumar es malísimo para la salud»
Pero lo cierto es que usted vendería a su propia madre por leer la historia del tipo en cuestión; la historia de un ser bello y atormentado, incapaz de querer a nadie sin hacerle más pupita que un cubrecama de esparto. Pero si esa es la historia que a usted le interesa, entonces tendrá que leer otro libro.

Por otra parte, si a usted le hablaran de una universitaria intelectual y apocada que trabaja media jornada en una ferretería y cuya única incursión sexual hasta el momento ha sido espantar a las abejitas que intentaban polinizar a sus geranios… su reacción natural como persona en su sano juicio sería mediante alguna de estas tres reflexiones:
  • «Esa criatura sencillamente no existe» o
  • «Esa criatura pertenece a un poderoso y encriptado lobby religioso-económico-social que no voy a mencionar» o
  • «Esa criatura sí existe, se llama Noreen y aparece en las ventanas emergentes de internet cuando intentas bajarte alguna película»
Pero usted también vendería a su propia madre por leer la historia de ese ser inexplicablemente aséptico, a punto de descubrir que un anclaje con orificio avellanado no es solo un efectivo mecanismo para nivelar estanterías. Y en tal caso, si esa es la historia que a usted le interesa, siento decirle que también tendrá que buscarla en otro libro.

Y entonces ¿en qué dirección viajan las chorrocientas páginas de “Cincuenta sombras de Grey”? Muy fácil: hacia las chorrocientas de “Cincuenta sombras más oscuras” y éstas a su vez, a las de “Cincuenta sombras liberadas” donde es de esperar que el conflicto de amor imposible entre ambos personajes quede resuelto. Llegados a este callejón sin salida, ya son muchos los que empiezan a sospechar que el éxito del libro sea únicamente consecuencia del efecto calentón. Y para analizar dicha hipótesis, estableceremos el marco de mecanismos de resolución “estándar” para un calentón:
«A»: puerta principal.
«A’»: “la otra” puerta. Por la que no se produce ningún embarque, al menos en el primer libro.
«B»: escotilla.
«C»: la réplica a «B».
«D»: la más ingenua si usted quiere pero también la menos pródiga. Algo así como "para llamar, pulse los timbres repetidamente"
Dicho esto, que cada cual juzgue por sí mismo:
  • Primera noche en la cama de Grey: «D» + «A» + «A»
  • Jacuzzy de Grey: «B» + «C» + «A»
  • Y a partir de aquí todo son «A» variando previos y atrezzo (cubitos de hielo, una corbata, bolas chinas, un espárrago, etc) y los escenarios: cama de Ana, caseta del embarcadero de los padres de Grey, habitación de juegos de Grey, escritorio de Grey, habitación de hotel…
En conclusión, nada que no emitan en abierto algunos canales de televisión un sábado al mediodía.

Y entonces, pensará usted, si no se trata de la incursión en la psicología de los personajes, ni de la potencia del conflicto ni de la excepcionalidad en la resolución de calentones, solo queda el interés que pueda despertar el mundo oculto y sombrío del sadomasoquismo. Y aunque en la novela se describe detalladamente una habitación totalmente equipada y se producen algunos episodios de azotes, no es fácil confirmar si satisface rigurosamente tales intereses, pues le sorprenderá saber lo muy reservados que son los sadomasoquistas para sus cosas. Por ello se remitieron formalmente nuestras dudas al apartado de correos de la S.S.S. (Sociedad Sadomasoquista Secreta):
  • «¿Responde Christian Grey al perfil de sádico medio?»
  • «¿Consideran que la descripción que se hace en la novela sobre arsenal y prácticas es suficientemente rigurosa y detallada?»
  • «Y por último, pero no menos importante ¿qué opina el colectivo de la S.S.S. acerca de la novela?»
La respuesta con sello oficial no se hizo esperar, un solo concepto dominando el resto de hoja en blanco: 
«A’»

miércoles, 10 de octubre de 2012

Reproduce Té


(Pepi Toria’s Blog advierte que el contenido de este post no es recomendable para padres noveles o "en aras de")

Si es usted de aquellos que ha decidido tener niños porque le gustan los niños, probablemente pertenezca usted al tipo de persona que cría gusanos de seda porque le gustan los gusanos: un ingenuo romántico. Y es que los niños (igual que los gusanos de seda) son, como todo el mundo sabe, una etapa larvaria de transición hacia el individuo adulto o hacia una bonita polilla de tamaño gigante, dependiendo del caso. Y aunque habrá muchos de ustedes que se alzarán iracundos ante tal disquisición (dado que la admiración por las polillas gigantes está muy extendida) respóndanme a una pregunta: ¿cuántos de ustedes sienten admiración por los individuos adultos?

Efectivamente, según recientes estudios sobre la incidencia del lenguaje sobre el comportamiento humano, si en lugar de denominarse niños, se denominasen adultos en etapa larvaria, en menos de cinco años la población mundial del primer mundo se reduciría en un 50%. Y aunque no haga falta, ahí van unos ilustrativos ejemplos:

-   Queremos anunciaros que Pepe y yo vamos a tener un adulto en etapa larvaria.
-   ¿Es que no os gustan las tortugas de agua?

-   Qué cachonda me pones… hazme un adulto en etapa larvaria aquí y ahora.
-   Esta noche no, que me duele la cabeza.

-   Teniente, nos ha llegado el aviso de que un autocar con cincuenta adultos en etapa larvaria ha volcado junto a la N-40
-    Pues ya si eso vamos mañana que esos bichos son muy resistentes.

Es por eso que si lo que usted quiere es un niño, debe saber que no va a disfrutar ni diez años de su entrañable gusanito antes de que mute en un capullo adolescente. Recién entrado en la veintena, renacerá como polilla de tamaño gigante para, tal como está el panorama, quedarse revoloteando durante veinte años más por su casa, parando de vez en cuando para descansar sobre la cara interior de las puertas de los armarios mientras usted se lamenta para sus adentros «si parece que fue ayer cuando reptaba por los rincones».

Así que tal vez deba usted cambiar el lema vital que a todos nos dicta REPRODÚCETE por el de REPRODUCE-TÉ. Sí, lo ha leído bien. Limítese a plantar unas cuantas macetas con semillas de té y disfrute de la vida viéndolas crecer mientras se fuma usted un cigarrito artesanalmente relleno de maravillosa marihuana. Si por lo contrario, decide usted seguir los dictados del lema vital original, pues reprodúzcase sin complejos, pero no olvide lo más esencial: si lo que trae usted al mundo es un niño y no un adulto se debe simplemente a una cuestión de amplitud pélvica, que la madre naturaleza será todo lo compleja que usted quiera pero desde luego no es tonta.

Finalmente y a pesar de todo lo anteriormente expuesto, cabe reconocer que la reproducción, al margen de la perpetuación de la especie y otras milongas, resulta absolutamente necesaria para nuestra sociedad. Sin ir más lejos, harán falta muchas polillas para devolverle la deuda a China.

lunes, 1 de octubre de 2012

Con la Flor en la mano


A raíz de la reciente avalancha de productos para combatir presuntos picores y sequedades, reducir supuestos hedores menstruales o evitar hipotéticas pérdidas de orina, La Flor se ha retirado de la vida pública con el fin de rehacerse de tales acusaciones que perjudican su reputación denigrando su imagen y poniendo en duda su eficiencia. Según declaraciones de su abogado, se interpondrán diversas demandas contra la «depravada maquinaria mercantilista» que ha promovido esas graves inculpaciones hacia su clienta. La Flor, por su parte, únicamente ha declarado estar «hasta el mismísimo coño» y ha rogado a los medios respeten su retiro hasta que se haga justicia.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Tanga de leopardo (II)

Siguiendo la (i)lógica del anterior post, seguimos abordando aquellos temas sobre los que usted no leería ni una triste línea de no hallarse bajo el título TANGA DE LEOPARDO. Efectivamente, vamos a tratar sobre el VINO ECOLÓGICO. Y es que la concepción que se tiene, en general, sobre el vino ecológico es el de aquella bebida que únicamente se prueba cuando la compra otro y de la que se tiene la estúpida percepción de que no emborracha.  Es por ello que, basándonos en la firme convicción de que la embriaguez debe ser producto exclusivo del vicio y no de la ignorancia, nuestro equipo de investigación ha desplegado todos sus medios para desvelarle, en exclusiva, ese misterio que lo ha llevado a usted de cabeza durante tanto tiempo: “Si parece igual, sabe igual y emborracha igual ¿por qué no vale igual?”. En dos palabras: Lobesia botrana.

La Lobesia botrana, también conocida como la polilla de la uva, estropea los frutos en su etapa larvaria con la misma rapidez que la televisión privada estropea los contenidos. Y es que la Lobesia botrana tiene la bien merecida fama de ser más mala que un polo de caldo. Y aunque durante años se ha mantenido una infructuosa lucha para detener su propagación, los verdaderos resultados no se han obtenido hasta muy recientemente. Y es que, contra todo lo que usted pudiera haber imaginado, el principal azote de la polilla de la uva se basa en evitar su apareamiento y, por ende, las larvas. Por lo que nuestro equipo de investigación ha barajado tres posibles hipótesis en las que se basa dicho método:

1.Conseguir que la polilla pierda la líbido:
-¿A qué hora libras nena?
- Después de pasar por la lavandería, recoger a los niños del cole y preparar la cena.
- Pues estaré en el bar viendo el fútbol

2.Conseguir que la polilla “se vuelva” gay:
-¿A qué hora libras nena?
- En media horita
-¿Nos vamos de rebajas?

3.Conseguir que la polilla se haga un lío:
-¿A qué hora libras nena?
- ¡Eh, que soy un pulgón!
- Hoy todas con la misma excusa…

Y usted se preguntará ¿qué tiene que ver eso con que el vino sea ecológico? y ¿cómo se confunde sexualmente a una polilla?. Normal que se lo pregunte. El método de la confusión sexual parece no ser contaminante, ni tóxico, promete afectar únicamente a la polilla de las narices y consiste en formar una gran nube de feromona sexual, que provoque la desorientación de los machos, y que estos sean incapaces de localizar a las hembras y fecundarlas. Recuerde que seguimos hablando de polillas. En resumen, y para que se haga usted una idea de la magnitud de la confusión, el caso es que tal es el pitote que se arma con todas las Lobesias alborotadas y buscando la manera de sin saber por dónde, que se han dado muchos casos en los que ha sido necesario suministrarle prozac a la uva para que no se traumatice.

Para acabar, y en vista del calado de lo anteriormente expuesto, debe usted saber que ya se están realizando las gestiones oportunas en relación al famoso enunciado del “Efecto mariposa” (el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al otro lado del mundo) que en adelante tendrá el siguiente redactado: el aleteo de una polilla al otro lado del mundo puede significar que se dirije hacia su casa para follarse a su canario.

Y tal vez, solo tal vez, la polilla lleve puesto un TANGA DE LEOPARDO...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Tanga de leopardo (I)

Si alguna vez ha ido usted al cine porque el trailer le llamó la atención y al salir se ha dado usted cuenta de que la película no tenía nada que ver, está de enhorabuena, porque así la experiencia de leer este post titulado TANGA DE LEOPARDO no le va a resultar extraña cuando descubra que realmente trata sobre PRODUCTOS ECOLÓGICOS. Pero la cuestión es que, ya que ha llegado usted hasta aquí ¿por qué no se queda curiosón?.

La elevada concienciación social acerca de los productos ecológicos queda probada cuando, tras pagar 6€ por cuatro galletas de alfalfa, nadie le cala fuego a la tienda y al propietario. Pero si usted se sigue preguntando el motivo del éxito de estos productos (inexplicablemente por encima de las hombreras japonesas, del celo estampado, o del jabugo light) está claro que no tiene usted ni idea, motivo por el cual se ha encargado un estudio para recoger la percepción popular que se tiene del concepto ECOLÓGICO. En base a los resultados obtenidos, nuestro equipo de investigación ha concluído que ECOLÓGICO suele asociarse erróneamente a:

1.   El reciclaje
-     Oye, qué lámpara tan guay
-     La hice con una botella de leche ecológica
-     ¿Y como consigues que siga incandescente cuando está apagada?
-     Con un tratamiento de uranio empobrecido

2.   El comercio justo
-     Este aceite ecológico está estupendo
-     Es que las aceitunas han sido prensadas por auténticos niños de la India
-     ¡Ah!, pensaba que esos se dedicaban a coser las pelotas Myke
-     Bueno, es que el aceite también es Myke…

3.   Las fábulas de Esopo y Lafontaine
-     …y cuando, tras varios infructuosos intentos por coger aquel racimo de uvas, el zorro se percató de que no lograría alcanzarlo, entonces dijo que no lo quería.
-     ¿Porque el ser humano es tan mezquino que cuando no consigue lo que quiere entonces lo desprecia?
-     No hijo mío: porque eran unas uvas ecológicas y si las hubiera llegado a tocar, el agricultor hubiera disparado al zorro con cartuchos de sal en los huevos.

4.   Las fábulas de la Señorita Pepis
-     …y cuando, pasados unos días, la flor de la manzana empieza a dar el fruto, el agricultor libera miles de hadas buenas del bosque que protegerán cada una de las flores para que ningún bicho malo estropee la fruta.
-     Una pregunta seño, ¿y de dónde saca el agricultor las hadas buenas del bosque?
-     Las hadas buenas del bosque las hizo Dios, como todo en este mundo Pablito.

Visto esto, y enlazando con el título de este post, se deduce que el 90% de la población estaría dispuesto a afirmar que un TANGA DE LEOPARDO es un producto ECOLÓGICO siempre que cumpla con los siguientes condicionantes:

-     Que sea de leopardo auténtico
-     Que haya sido confeccionado por mano de obra explotada en el tercer mundo
-     Que pueda reutilizarse como parte de una colcha de patchwork
-     Que no cueste menos de 60€

Si además se diera el caso de que usted entierra el tanga en una maceta y de ella brota una especie vegetal en peligro de extinción, estará usted en disposición de asegurar dos cosas:

1. Que no es usted muy amante de los tangas de leopardo.

2. Que la maceta tenía algo más que tierra.

Seguiremos informando. 

domingo, 16 de enero de 2011

El que re-baja, baja dos veces

En esta era revolucionaria de las telecomunicaciones, los avances biotecnológicos y los yogures que regulan el tránsito intestinal, queda todavía un enigma de profunda complejidad que supone uno de los principales bastiones aún por superar, por parte del cerebro humano medio, refiriéndonos como "cerebro humano medio" a un cerebro entero pero con una capacidad asimilable a la media total. Si a eso añadimos que una media total es un panty y que una media a secas llega solo a mitad del muslo, podríamos concluir que la capacidad de la humanidad para comprender dicho enigma, se sitúa de cintura para abajo. Conclusión que podría hacerse extensible al 99% de los enigmas con los que la humanidad se ve obligada a lidiar cotidianamente.

Aclarado este punto, el enigma en cuestión es la utilidad real de las rebajas. Y es que por mucho que los precios desciendan, al ciudadano medio (o panty) en el fondo le importa un huevo, ya que no por ello va a gastarse menos dinero del previsto sino que se va a llevar más cosas a cambio, lo que va a producirle la agradable sensación de que es muy inteligente. Pero lo que generalmente se ignora es que comprar en rebajas no solo no sirve para ahorrar, sino que además no sirve para NADA, lo que vamos a ilustrar con un ejemplo muy simple de flujo de caja, cash-flow para los entendidos (y para los no, el nombre de un popular pienso para gatos). Las hipótesis de partida serían:

1. Supongamos que sus necesidades de renovación del vestuario de temporada implican renovar una falda al año.

2. Las necesidades de renovación es un patrón fijo, independiente del stock acumulado que tenga  usted en el armario.

3. Las rebajas son del 50%, por lo que usted comprará sistemáticamente el doble de lo que necesita.

1er año
Necesita 1 falda
Compra 2 faldas
Total en su haber: 2 faldas

2o año
Necesita 0 faldas (necesitaría 1 pero tiene la que se compró de más el año pasado)
Compra 2 faldas (aplicación del patrón fijo reforzado por el 50% de descuento)
Total en su haber: 3 faldas

3er año
Necesita -1 faldas (podría regalarle 2 faldas a su vecina, pero ella está más gorda que usted...)
Compra 2 faldas (la cabra tira al monte...)
Total en su haber: 4 faldas (las hay que con menos montan un atellier...)

Etcétera... y si nadie la para, se planta usted al cabo de diez años de rebajas con un stock de once faldas, sin que por ello desaparezca ese sentimiento de desamparo cuando abre su armario y suspira que no tiene NADA que ponerse. Y es que ninguna de las once benditas faldas (la mini, la tejana, la de tubo, la de tablas, la de globo, la elástica, la de colegiala, la de pinzas, la de flores, la de cuero y la de faralaes) es de temporada. Si a eso le añadimos que esa temporada los diseñadores han decidido que las mujeres se tapen el culo únicamente con una blusa larga, resulta que allí donde la falda justificaba su sueldo, ahora no hay NADA (excepto media nalga que asoma bajo la blusa). Dicho esto podemos concluir que efectivamente, tras diez años comprando de rebajas el doble de lo que realmente necesita, es posible que no tenga  usted NADA que ponerse.

viernes, 7 de enero de 2011

Mamando se entiende la gente

Una leyenda urbana es un relato que se sitúa sobre la delicada línea que separa la realidad de la ficción y cuyo argumento se basa generalmente en la extracción de objetos y/o mascotas del interior del ano u órganos reproductores de un tercero. Pero si usted piensa que los hechos truculentos tales como la espeleología genital, son un invento de este siglo, o bien le han faltado a usted veranos en su pueblo o bien no ha visto demasiado cine español. En todo caso, mucho antes de que los hámsteres se convirtiesen en algo más que una compañía, las leyendas rurales de tradición oral ya recogían fenómenos sorprendentes como éste.

Efectivamente, y por mucho que en las esferas científicas se siga poniendo en duda la capacidad anatómica de las serpientes para churrupar, lo que está comprobado es que dichos reptiles se sienten irremediablemente atraídos por el olor de la leche materna. Otro tema es que dicha atracción los lleve hasta el punto de hacer uso del auto-servicio y se tomen la leche directamente del pezón.

Esta saludable práctica, y es que las culebras serán grimosas pero no tontas, les ha valido buena parte de la mala reputación de la que actualmente gozan, lo que supone un terrible agravio comparativo, dado que lo de mamar es algo que todos nos esforzamos por hacer y además, constantemente:

1. Guardamos en casa de nuestros padres todas las mierdas que no queremos tener en la nuestra:
- ¿Puedo tirar los Madelman que hay en el armario para guardar la insulina de tu padre?
- Está visto que no sientes ningún respeto por mi infancia...

2. Arrasamos con todas las muestras gratuitas que nos pongan por delante, aunque no sepamos qué coño hacer con ellas:
- ¿Para qué quieres veinte parches de nicotina, si nunca has fumado?
- Tú siempre das al traste con todas mis ilusiones...

3. Un mismo objeto tiene un valor radicalmente diferente, en función de si queremos comprarlo, o si queremos venderlo:
- Olvídate de que te paguen algo por el vídeo VHS, si te estorba regálalo y punto.
- Sí hombre, si está nuevo...

Así que si alguna noche se despierta usted con una leve molestia en alguno de sus (dos) pezones:

1. Si es puntual, metálica y brillante, lo que tiene usted es un  piercing, y bastará con que se de la vuelta.

2. Si es permanente e insistente, es su retoño de 30 años que no se va de casa ni con agua caliente.

3. Si es dolorosa y angustiante, son las nuevas medidas dictadas por el gobierno para combatir la crisis.

4. Si es una pinza metálica conectada a una batería de bajo voltaje... lo que tiene usted es mucho vicio.

Si dicha molestia no responde a ninguno de los supuestos anteriormente mencionados, es probable que tenga usted algún reptil chupándole el pezón. En tal caso, lo mejor es que le obligue a volver al banco y concierten una cita en horario de oficina.