miércoles, 10 de octubre de 2012

Reproduce Té


(Pepi Toria’s Blog advierte que el contenido de este post no es recomendable para padres en camino o noveles)

Si es usted de aquellos que ha decidido tener niños porque le gustan los niños, probablemente pertenezca usted al tipo de persona que cría gusanos de seda porque le gustan los gusanos: un ingenuo romántico. Y es que los niños (igual que los gusanos de seda) son, como todo el mundo sabe, una etapa larvaria de transición hacia el individuo adulto o hacia una bonita polilla de tamaño gigante, dependiendo del caso. Y aunque habrá muchos de ustedes que se alzarán iracundos ante tal disquisición (dado que la admiración por las polillas gigantes está muy extendida) respóndanme a una pregunta: ¿cuántos de ustedes sienten admiración por los individuos adultos?

Efectivamente, según recientes estudios sobre la incidencia del lenguaje sobre el comportamiento humano, si en lugar de denominarse niños, se denominasen adultos en etapa larvaria, en menos de cinco años la población mundial del primer mundo se reduciría en un 50%. Y aunque no haga falta, ahí van unos ilustrativos ejemplos:

-   Queremos anunciaros que Pepe y yo vamos a tener un adulto en etapa larvaria.
-   ¿Es que no os gustan las tortugas de agua?

-   Qué cachonda me pones… hazme un adulto en etapa larvaria aquí y ahora.
-   Esta noche no, que me duele la cabeza.

-   Teniente, nos ha llegado el aviso de que un autocar con cincuenta adultos en etapa larvaria   ha volcado junto a la N-40
-    Pues ya si eso vamos mañana que esos bichos son muy resistentes.

Es por eso que si lo que usted quiere es un niño, debe saber que no va a disfrutar ni diez años de su entrañable gusanito antes de que mute en un capullo adolescente. Recién entrado en la veintena, renacerá como polilla de tamaño gigante para, tal como está el panorama, quedarse revoloteando durante veinte años más por su casa, parando de vez en cuando para descansar sobre la cara interior de las puertas de los armarios mientras usted se lamenta para sus adentros «si parece que fue ayer cuando reptaba por los rincones».

Así que tal vez deba usted cambiar el lema vital que a todos nos dicta REPRODÚCETE por el de REPRODUCE-TÉ. Sí, lo ha leído bien. Limítese a plantar unas cuantas macetas con semillas de té y disfrute de la vida viéndolas crecer mientras se fuma usted un cigarrito artesanalmente relleno de maravillosa marihuana. Si por lo contrario, decide usted seguir los dictados del lema vital original, pues reprodúzcase sin complejos, pero no olvide lo más esencial: si lo que trae usted al mundo es un niño y no un adulto se debe simplemente a una cuestión de amplitud pélvica, que la madre naturaleza será todo lo compleja que usted quiera pero desde luego no es tonta.

Finalmente y a pesar de todo lo anteriormente expuesto, cabe reconocer que la reproducción, al margen de la perpetuación de la especie y otras milongas, resulta absolutamente necesaria para nuestra sociedad. Sin ir más lejos, harán falta muchas polillas para devolverle la deuda a China.

lunes, 1 de octubre de 2012

Con la Flor en la mano


A raíz de la reciente avalancha de productos para combatir presuntos picores y sequedades, reducir supuestos hedores menstruales o evitar hipotéticas pérdidas de orina, La Flor se ha retirado de la vida pública con el fin de rehacerse de tales acusaciones que perjudican su reputación cuestionando su eficiencia profesional. Según declaraciones de su abogado, se interpondrán diversas demandas contra la «depravada maquinaria mercantilista» que ha promovido esas  graves inculpaciones hacia su clienta. La Flor, por su parte, únicamente ha declarado estar «hasta el coño» y ha rogado a los medios respeten su retiro hasta que se haga justicia.

domingo, 15 de enero de 2012

LAS PATATAS NUNCA MUEREN


Harto de escuchar los lamentos procedentes de su círculo de amigos con hijos, Ernesto Hermosilla, informático, de treinta y siete años y soltero, decidió adoptar una patata. Todos le advirtieron que la paternidad requería de responsabilidad y sacrificio y que quizá, alguien pudiera interpretar que no se lo estaba tomando demasiado en serio. Pero Ernesto lo había meditado concienzudamente. Y aunque conocía otros casos de adopciones similares, con resultados diversos, Ernesto tenía muy claro que adoptar una patata era, como cualquier otra decisión en la vida, una cuestión de sentido común y, sobretodo, de elegir bien la patata. No obstante y por si acaso, había previsto que si en algún momento llegaba a arrepentirse de su decisión, siempre podía comérsela y así “reiniciar el sistema”.

Fiel al mismo espíritu práctico, Ernesto Hermosilla bautizó a su patata con el nombre de Patata que, consecuentemente, pasó a llamarse Patata Hermosilla. Y a partir de aquel momento empezaron las peculiares andaduras de Ernesto como padre. Patata, que según las tribulaciones de Ernesto, resultó ser patata-macho, tuvo una infancia plácida y sosegada que transcurrió con relativa rapidez, dada la asombrosa velocidad de desarrollo de los niños-patata. En aquel periodo, y aprovechando la visita al huerto de un pariente, Ernesto decidió instruir a Patata acerca de sus orígenes. No cabe decir que Patata quedó absolutamente fascinado, mientras observaba toda una hilera de pedacitos de patata sepultados bajo tierra destinados a producir otras nuevas. «¿Has visto papá?¡las patatas nunca mueren!» exclamó, tras lo que se apresuró a preguntar «¿puedo probarlo yo?». Ernesto se vio asaltado por la visión de Patata, tan pequeñito, despedazado y enterrado, y sintió una inesperada punzada en el pecho. Por lo que la voz paterna de Ernesto emergió en tajante oposición «¡Ni se te ocurra!. Nada de mutilaciones en esta familia».

Aunque Patata acató la negativa, aquel descubrimiento resultó ser peor que un virus informático, ya que inoculó en él la eufórica ilusión de la inmortalidad. Aquello se convirtió en un desafío constante para Ernesto ya que, con el paso del tiempo, y no pudiendo dar rienda suelta a sus impulsos, Patata buscó varias vías de escape encontrando en la filosofía punk, la más pintoresca de todas: se pelaba la coronilla dejando su carne blanca al descubierto, se clavaba chinchetas por todas partes y gustaba sobremanera de hacer bromas macabras con el kétchup. Y cuando Ernesto le recriminaba, él respondía alborozado «no te preocupes papá, ¡las patatas nunca mueren!». Aquella frase se convirtió en una especie de lema maldito. Así, mientras Patata se divertía fantaseando con nuevas formas de auto-inflicción y muerte prematura, Ernesto sufría en silencio las consecuencias del incondicional amor que ya sentía hacia aquel tubérculo descerebrado e imberbe.

Al llegar a la edad adulta las cosas no fueron precisamente a mejor. No contento con continuar reafirmando su personalidad autodestructiva, Patata se hizo inseparable del más chorlito de todos sus amigos: Pimienta. No estaba muy claro si era Pimienta quien incitaba a Patata o al revés, el caso es que tal era la enajenación que se producían mutuamente que una noche, al llegar a casa, Ernesto se encontró con una sobrecogedora nota: «Querido papá, ya se que no vas a entenderlo pero tengo que empezar a perseguir mis propios sueños. Pimienta y yo nos hemos alistado en la división juvenil del ejército para ser instruidos en algún país del territorio africano (con convenio des-armamentístico). Te quiere, Patata». Si dos años antes alguien le hubiera vaticinado el torrente de lágrimas que iba a derramar por la marcha de una patata, Ernesto Hermosilla lo hubiera considerado un fatal error del sistema.

Durante las tres largas semanas sin noticias que siguieron a aquella nota, Ernesto no podía pasar por delante del horno sin imaginarse a Patata escondido dentro, como tantas otras veces, rebozado en aceite y sal, y aguardando el momento para darle el susto de su vida. Ernesto ya había encadenado un largo rosario de amargas noches en vela cuando, una madrugada, su pesadilla más temida se hizo realidad: una escueta llamada de teléfono que lo citaba al día siguiente en el Ministerio de Defensa. Por lo visto, durante una maniobra de adiestramiento en campo abierto, Patata rehusó ponerse el chaleco de artillero «¡esta piel curtida no se pone chalecos!». Ernesto no necesitaba cerrar los ojos para imaginarse a su hijo, hinchado de juvenil soberbia y profiriendo tamaña estupidez. Finalmente, Patata se había salido con la suya.

Los restos llegaron en una pequeña urna sellada y, junto con ellos, se hizo entrega a Ernesto del único efecto personal de Patata que había sobrevivido a la catástrofe: su placa militar, donde figuraba la inscripción 018-315/HERMOSILLA, P. Ernesto se la colgó al cuello instintivamente. No fue necesario que identificara los restos, puesto que Patata era la única patata alistada en la división juvenil del ejército para ser instruida en algún país del territorio africano (con convenio des-armamentístico). Así que Ernesto decidió no abrir la urna. Lo que fuera que hubiese allí dentro ya no era su hijo. Embriagado por un momento de dolorosa lucidez, Ernesto cayó en la cuenta de que su amor de padre no le había permitido aceptar la legítima razón de ser de Patata. En su propio argot: el sistema operativo había resultado incompatible con la instalación del programa Patata. Al día siguiente, en la más absoluta intimidad, Ernesto Hermosilla enterró la pequeña urna en un parterre del parque, tras lo que volvió a una casa que iba a estar más vacía que nunca.

Siendo como era un hombre de lógica, Ernesto se esforzó por recobrar la normalidad y ese mismo día formateó el disco duro: por primera vez en mucho tiempo, cenó patatas bravas de primero, tortilla de patatas de segundo y, de postre, panellets de supermercado. Pero aquello solo le reconfortó levemente. Como era de esperar, esa primera noche Ernesto tampoco lograba conciliar el sueño. No dejaba de preguntarse si podría haber evitado aquella tragedia. Absorto en sus pensamientos y arropado por la oscuridad y el silencio, Ernesto se llevó la mano al pecho y reparó en la presencia de la placa que seguía colgada de su cuello. La sujetó entre sus dedos y pasó la yema del índice con suma delicadeza, reconociendo la superficie grabada con la inscripción. Pero de pronto, algo que le había pasado inadvertido aquella misma mañana, llamó la atención de la yema de su dedo pulgar: el reverso de la placa también estaba grabado. Azuzado por la curiosidad y la falta de sueño, encendió la luz de la mesilla y acercó la vista tanto como pudo. Burdamente grabada con algún objeto punzante, tal vez una chincheta, sobre el reverso plateado podía leerse: «LAS PATATAS NUNCA MUEREN». En pocas décimas de segundo, aquellas palabras resetearon la mente del ya de por sí aturdido Ernesto.

Todavía con restos de panellet entre los dientes, Ernesto saltó de la cama. Se vistió de un zarpazo y salió de casa con el corazón al galope. Se adentró en la densa oscuridad del parque. Hincó las rodillas sobre la tierra húmeda de los parterres, hundió los dedos en ella y escarbó con desesperación. No tardó en dar con la diminuta urna. En cuanto viera su contenido sabría si quedaba esperanza. Y es que, después de todo, Ernesto no iba a dejar escapar aquella segunda oportunidad. El sistema operativo estaba listo para la instalación de Patata 2.0.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Tanga de leopardo (II)

Siguiendo la (i)lógica del anterior post, seguimos abordando aquellos temas sobre los que usted no leería ni una triste línea de no hallarse bajo el título TANGA DE LEOPARDO. Efectivamente, vamos a tratar sobre el VINO ECOLÓGICO. Y es que la concepción que se tiene, en general, sobre el vino ecológico es el de aquella bebida que únicamente se prueba cuando la compra otro y de la que se tiene la estúpida percepción de que no emborracha.  Es por ello que, basándonos en la firme convicción de que la embriaguez debe ser producto exclusivo del vicio y no de la ignorancia, nuestro equipo de investigación ha desplegado todos sus medios para desvelarle, en exclusiva, ese misterio que lo ha llevado a usted de cabeza durante tanto tiempo: “Si parece igual, sabe igual y emborracha igual ¿por qué no vale igual?”. En dos palabras: Lobesia botrana.


La Lobesia botrana, también conocida como la polilla de la uva, estropea los frutos en su etapa larvaria con la misma rapidez que la televisión privada estropea los contenidos. Y es que la Lobesia botrana tiene la bien merecida fama de ser más mala que un polo de caldo. Y aunque durante años se ha mantenido una infructuosa lucha para detener su propagación, los verdaderos resultados no se han obtenido hasta muy recientemente. Y es que, contra todo lo que usted pudiera haber imaginado, el principal azote de la polilla de la uva se basa en evitar su apareamiento y, por ende, las larvas. Por lo que nuestro equipo de investigación ha barajado tres posibles hipótesis en las que se basa dicho método:


1.Conseguir que la polilla pierda la líbido:
-¿A qué hora libras nena?
- Después de pasar por la lavandería, recoger a los niños del cole y preparar la cena.
- Pues estaré en el bar viendo el fútbol


2.Conseguir que la polilla “se vuelva” gay:
-¿A qué hora libras nena?
- En media horita
-¿Nos vamos de rebajas?


3.Conseguir que la polilla se haga un lío:
-¿A qué hora libras nena?
- ¡Eh, que soy un pulgón!
- Hoy todas con la misma excusa…

Y usted se preguntará ¿qué tiene que ver eso con que el vino sea ecológico? y ¿cómo se confunde sexualmente a una polilla?. Normal que se lo pregunte. El método de la confusión sexual parece no ser contaminante, ni tóxico, promete afectar únicamente a la polilla de las narices y consiste en formar una gran nube de feromona sexual, que provoque la desorientación de los machos, y que estos sean incapaces de localizar a las hembras y fecundarlas. Recuerde que seguimos hablando de polillas. En resumen, y para que se haga usted una idea de la magnitud de la confusión, el caso es que tal es el pitote que se arma con todas las Lobesias alborotadas y buscando la manera de sin saber por dónde, que se han dado muchos casos en los que ha sido necesario suministrarle prozac a la uva para que no se traumatice.

Para acabar, y en vista del calado de lo anteriormente expuesto, debe usted saber que ya se están realizando las gestiones oportunas en relación al famoso enunciado del “Efecto mariposa” (el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al otro lado del mundo) que en adelante tendrá el siguiente redactado: el aleteo de una polilla al otro lado del mundo puede significar que se dirije hacia su casa para follarse a su canario.

Y tal vez, solo tal vez, la polilla lleve puesto un TANGA DE LEOPARDO...

lunes, 28 de noviembre de 2011

Tanga de leopardo (I)

Si alguna vez ha ido usted al cine porque el trailer le llamó la atención y al salir se ha dado usted cuenta de que la película no tenía nada que ver, está de enhorabuena, porque así la experiencia de leer este post titulado TANGA DE LEOPARDO no le va a resultar extraña cuando descubra que realmente trata sobre PRODUCTOS ECOLÓGICOS. Pero la cuestión es que, ya que ha llegado usted hasta aquí ¿por qué no se queda curiosón?.

La elevada concienciación social acerca de los productos ecológicos queda probada cuando, tras pagar 6€ por cuatro galletas de alfalfa, nadie le cala fuego a la tienda y al propietario. Pero si usted se sigue preguntando el motivo del éxito de estos productos (inexplicablemente por encima de las hombreras japonesas, del celo estampado, o del jabugo light) está claro que no tiene usted ni idea, motivo por el cual se ha encargado un estudio para recoger la percepción popular que se tiene del concepto ECOLÓGICO. En base a los resultados obtenidos, nuestro equipo de investigación ha concluído que ECOLÓGICO suele asociarse erróneamente a:

1.   El reciclaje
-     Oye, qué lámpara tan guay
-     La hice con una botella de leche ecológica
-     ¿Y como consigues que siga incandescente cuando está apagada?
-     Con un tratamiento de uranio empobrecido

2.   El comercio justo
-     Este aceite ecológico está estupendo
-     Es que las aceitunas han sido prensadas por auténticos niños de la India
-     ¡Ah!, pensaba que esos se dedicaban a coser las pelotas Myke
-     Bueno, es que el aceite también es Myke…

3.   Las fábulas de Esopo y Lafontaine
-     …y cuando, tras varios infructuosos intentos por coger aquel racimo de uvas, el zorro se percató de que no lograría alcanzarlo, entonces dijo que no lo quería.
-     ¿Porque el ser humano es tan mezquino que cuando no consigue lo que quiere entonces lo desprecia?
-     No hijo mío: porque eran unas uvas ecológicas y si las hubiera llegado a tocar, el agricultor hubiera disparado al zorro con cartuchos de sal en los huevos.

4.   Las fábulas de la Señorita Pepis
-     …y cuando, pasados unos días, la flor de la manzana empieza a dar el fruto, el agricultor libera miles de hadas buenas del bosque que protegerán cada una de las flores para que ningún bicho malo estropee la fruta.
-     Una pregunta seño, ¿y de dónde saca el agricultor las hadas buenas del bosque?
-     Las hadas buenas del bosque las hizo Dios, como todo en este mundo Pablito.

Visto esto, y enlazando con el título de este post, se deduce que el 90% de la población estaría dispuesto a afirmar que un TANGA DE LEOPARDO es un producto ECOLÓGICO siempre que cumpla con los siguientes condicionantes:

-     Que sea de leopardo auténtico
-     Que haya sido confeccionado por mano de obra explotada en el tercer mundo
-     Que pueda reutilizarse como parte de una colcha de patchwork
-     Que no cueste menos de 60€

Si además se diera el caso de que usted entierra el tanga en una maceta y de ella brota una especie vegetal en peligro de extinción, estará usted en disposición de asegurar dos cosas:

1. Que no es usted muy amante de los tangas de leopardo.

2. Que la maceta tenía algo más que tierra.

Seguiremos informando. 

viernes, 8 de julio de 2011

EL PARTO SECRETO

Aquella mañana, la primera plana del periódico le sorprendía con una extraña noticia: “Los actores Pe y Bardem han sido padres”. No le sorprendía el hecho de que dos actores tuvieran descendencia, puesto que es muy propio en el mundo de la farándula eso de andarse tocando por exigencias del guión, seguir frotándose fuera del plató y acabar palpándose hasta el mismo tuétano en alguna habitación de hotel. Y claro, cuando un hombre y una mujer insisten tanto en tocarse, Dios mediante, acaba viniendo la cigüeña. Lo desconcertante del caso era que aquellos dos nombres no le resultaban familiares en absoluto: no pertenecían a la aristocracia ni se podían asociar a ninguna estirpe militar, ni siquiera a un clan empresarial de pro. Se llevó compulsivamente la mano derecha al bigote, y entonces recordó que aún no había recuperado la sensibilidad en los dedos. Desvió la vista unos instantes hacia el enorme ventanal, cuya cortina tenía terminantemente prohibido tocar, e indagó con insistencia en el interior de su cabeza, como si aquellos nombres hubieran tenido que estar allí alguna vez. Pero no. Así que visto lo intrascendente de aquella pareja, lo realmente insólito era que semejante noticia apareciese en la primera página de un periódico de tirada nacional, ¿acaso se trataba de algo importante para el país?.

Cosas como aquella solían desatar un remolino de preguntas en su cabeza, pero en esta ocasión se sentía demasiado cansado. Apenas hacía una semana que se hallaba consciente, incomunicado en aquella lujosa habitación de hospital. Aparte de la enfermera, sólo había visto a tres personas, pues su existencia se consideraba una cuestión de altísimo secreto. Aun así, su rutina estaba plagada de intromisiones: -¿Cómo estás cielo?¿tienes frío, te traigo otra bolsita de agua caliente? -otra vez aquella chiquilla insolente. Él le dirigió un severo gesto de negativa con la cabeza como si con ello hubiera pretendido borrarla del mapa–. Bueno, si necesitas algo me avisas ¿vale corazón?. -Sin duda le habían asignado aquella enfermera porque era demasiado joven como para percatarse de nada, pero su juventud no la eximía de atenerse a unos mínimos de pulcritud y aseo. La anilla que colgaba de la aleta de su nariz, así como los mechones apelmazados por la roña que asomaban bajo la toquilla, no eran de recibo bajo ningún concepto. Volvió a dirigir la vista hacia el ventanal velado, aquella espera se estaba convirtiendo en un tedio. Con una mezcla de desconcierto y empeño, volvió a retomar el periódico, “Más información en la página 74”. Pasó torpemente las hojas hasta llegar al desarrollo de aquella insólita noticia. Curiosamente, el segundo titular era “Pacto secreto”. Tal vez se había dejado confundir por una entrada sensacionalista que albergaba una información de mayor calado. Pero no, no parecía que hubiera ningún pacto, era un parto, un “Parto secreto”. Qué le iban a contar a él de partos secretos. Optó por dar carpetazo a aquel artículo con una lectura en diagonal: “tras preguntarles a los familiares sobre el recién nacido, ninguno ha querido prestar declaración” y más adelante “el sexo del bebé, como era de esperar, tampoco se ha podido saber”. La vaguedad de aquella información superaba todos los límites establecidos. En primer lugar, cuando una mujer trae una criatura al mundo, profiere tales alaridos que aquello es cualquier cosa menos un secreto. En segundo lugar, cuando la familia no quiere hablar de la criatura, o existe la sospecha de que el padre no es el padre, o el crío padece de alguna deformidad o de un cromatismo impropio. Y en tercer lugar, el género de un neonato no tiene pérdida: pirindolo si es niño, rajita si es niña y pluma si es un desviado. A menos, claro, que se trate de un ángel (pensó para sus adentros, haciéndose una pequeña concesión para la sorna) justo antes de seguir leyendo “nació en el lujoso hospital de Los Ángeles”. Manda carallo, eso lo explicaba todo. Cerró el periódico y lo abandonó sobre la mesilla con un bufido. Aquello parecía la octavilla de festejos de Guadarrama del Monte.

Probablemente fuese más enriquecedor tratar de adivinar lo que había al otro lado de la cortina. Se intuía un entorno montañoso con una vegetación espesa ideal para la caza, que le encantaba. Pero la caza ya formaba parte de episodios demasiado remotos de su vida. Ahora mismo su pasado inmediato era tan intenso que no dejaba lugar para la nostalgia. Por lo que podía recordar de aquellos últimos días, durante las primeras horas no había sido consciente de absolutamente nada de lo que sucedía a su alrededor. Después había empezado a oír lo que parecía el murmullo de unas voces y acabó por distinguir alguna silueta. Las primeras palabras que pudo intercambiar fueron con el médico y, cuando fue cogiendo soltura tras varias sesiones de rehabilitación intensiva y lo trasladaron al sillón, vinieron a visitarlo aquél alto mando del ejército, tan solícito, y después el obispo. Fue este último el que le habló sobre la disgregación y la pérdida de valores y sobre un plan para restablecer el orden. Él le había escuchado en silencio, manteniendo el porte y asegurándose de que sus manos, aún amoratadas, quedaban ocultas bajo la manta. Había muchas expectativas alrededor de su regreso, y él a duras penas era capaz de controlar sus esfínteres. –Todo a su debido tiempo -le había dicho el médico. Una vez más tendría que hacer gala de sus nervios de acero. El secreto estaba en mantenerse entretenido.

Desgraciadamente, aquellas circunstancias no le brindaban demasiadas alternativas de esparcimiento. Volvió la vista hacia la mesilla, observó el periódico con desdén y lo retomó, abriéndolo por la misma página. “La pareja decidió que su primer hijo viniera al mundo en Estados Unidos para que tuviera la doble nacionalidad”. Más excentricidades: decantarse por la nacionalidad estadounidense pudiendo elegir Alemania ¡incluso Italia!. Y justo en aquel instante alguien golpeó la puerta. -¿Da usted su permiso mi Generalísimo?. -Llevaba todo el día esperando aquel momento. Era un oficial, que venía para escoltarlo hasta la capilla. Le habían dicho que aquella tarde podría, por fin, asistir a una misa privada. Y es que si bien los avances médicos habían logrado descongelar su cuerpo, iba a necesitar algo más si quería reconfortar su alma.

viernes, 1 de julio de 2011

NO ME DIGAS ESO

La estilizada e inquietante presencia de Aline Morel generaba en sus alumnas admiración a la par que temor. Tal vez por ese motivo o por el hecho de encarnar el poder absoluto dentro de aquella escuela, la habían rebautizado como La Bruni. Esa mañana, Aline Morel cruzaba el pasillo que comunicaba directamente con la ostentosa sala de actos del colegio. Su caminar apresurado era efecto de un temperamento nervioso combinado con una estatura por encima de la media, que la había relegado al zapato plano de por vida. Pero además, hoy tenía prisa. La representación de “Els Pastorets” estaba a punto de acabar y Aline Morel debía salir al escenario para desearles felices fiestas a los orgullosos y pudientes padres de sus alumnas. Disponía del tiempo justo para llegar hasta la puerta que daba acceso a la zona de bambalinas, pero algo la obligó a detenerse antes. A pocos metros de ella, vuelta hacia un rincón, una de las niñas parecía estar tramando algo presa de un contenido silencio. Aline Morel la observó detenidamente, procurando no hacer ningún ruido mientras escuchaba su respiración entrecortada. Llevaba una túnica celeste de la que pendían dos alitas blancas, en contraste con la vulgar postura de sus piernas que asomaban bajo el atuendo: a horcajadas. Eran delgadas y rectas, cubiertas por unas finas y holgadas medias. Sin duda era alguna de las niñas de primaria. “Otra que pillo con un cigarro”. A pesar de que el tiempo apremiaba y ya debían estar a punto de anunciar su aparición en el escenario, Aline Morel se acercó sigilosamente a la niña con el objeto de reprenderla. A veces un buen susto era la mejor lección. Pero al llegar a su altura y observar lo que estaba sucediendo en aquel íntimo rincón, descubrió estupefacta que la niña sujetaba la túnica con una mano, mientras que con la otra se hurgaba bajo las medias con no poca insistencia. -¡Pero niña! -bramó desde el subconsciente- ¡Eso no se puede hacer!. -Las técnicas pedagógicas que Aline Morel había argumentado a lo largo de las quinientas páginas de su tesis doctoral, acababan de escurrirse por el agujero del váter.

Claudia Roca había estado a punto de quedarse sin participar en la función del colegio debido a un fuerte resfriado. Así que cuando su madre le había tomado la temperatura aquella misma mañana y había constatado que ya solo quedaba mucosidad, Claudia había saltado de la cama y había abierto el armario de par en par “¡mamá, búscame el disfraz!”. Era un disfraz de ángel. Constaba de una sencilla túnica tornasolada en tonos celestes, dos alitas de auténticas plumas artificiales y unas zapatillas blancas. También necesitaba unas medias que su madre le prestó conmovida “qué mayor se está haciendo mi princesa”. Pero a la princesa le esperaba un día complicado. Debía mantener los mocos controlados una vez encima del escenario. Era la única de su clase a la que habían dado un papel con texto. Dos líneas. Se las sabía de carrerilla y tenía que salir perfecto.

Transcurrida la felicitación navideña y la ronda de aplausos, Aline Morel seguía aturdida por el episodio del pasillo. Era la primera vez que perdía los papeles ante una alumna. Nadie podía hacerse una idea de lo difícil que era su trabajo. El día a día resultaba agotador, especialmente con las alumnas de secundaria que se comportaban como auténticas salvajes. Pero ese no era el caso de la niña del pasillo. Claudia Roca era el arquetipo de producto estrella de aquel colegio: brillante, educada, obediente, y con unos padres que pagaban las abultadas cuotas sin rechistar. Por todo eso, Aline Morel concluyó que Claudia Roca no podía convertirse en un problema. Después de fiestas la llamaría a su despacho e intentaría razonar con ella para reconducir la situación. 

Después de la bronca, La Bruni había obligado a Claudia a volver al escenario para recibir los aplausos con el resto de sus compañeras. “Qué seria estabas durante los saludos” le comentaría después su padre. Pero en cuanto cayó el telón y las luces se apagaron, Claudia corrió a encerrarse en el pequeño almacén que había junto al escenario, cuya puerta tenía pestillo. Lo ajustó enérgicamente y encendió la luz con el aliento entrecortado. Necesitaba un instante de calma para poder seguir con su búsqueda. Se levantó la túnica y observó con desdén aquellas medias arrugadas y fofas. Tenía que estar por ahí abajo. Metió la mano con decisión. Ya lo tenía. El condenado pañuelito se había escurrido a la altura del muslo izquierdo. Le dio caza y se lo acercó a la cara para sonarse como si le fuera la vida en ello. Hecho esto, el alivio y la indignación la asaltaron a la vez, ¿qué habría costado poner bolsillos en aquella mierda de túnica?. Al menos ya volvía a respirar por la nariz. Entre el susto y los mocos, había sido incapaz de articular palabra ante La Bruni. Al oírla, se había dado la vuelta de un bote, todavía con la mano dentro de las medias, petrificada y jadeando con la boca abierta. Y al verla así, La Bruni se había enervado todavía más. Estaba totalmente desquiciada “¡eso no se puede hacer!”. 

Claudia pasó el resto del día muy pensativa, no estaba acostumbrada a que la regañasen. Y cuando llegó la noche, no lograba conciliar el sueño. Hasta aquella mañana, había estado segura de saber diferenciar entre lo que está bien y lo que no. Pero obviamente andaba más perdida de lo que ella pensaba. Desconocía los fundamentos malignos acerca de tocarse en aquel sitio. Y las palabras de La Bruni habían despertado en ella una honda curiosidad “¡eso no se puede hacer!” ¿no se puede hacer qué?. Tenía que descubrirlo. Así que esa misma noche metió la mano bajo el pantaloncito del pijama y se dispuso a buscar. Por un momento pensó que estaba perdiendo el tiempo, hasta que de pronto “¡aah!”. Claudia lo comprendió todo.  

domingo, 16 de enero de 2011

El que re-baja, baja dos veces

En esta era revolucionaria de las telecomunicaciones, los avances biotecnológicos y los yogures que regulan el tránsito intestinal, queda todavía un enigma de profunda complejidad que supone uno de los principales bastiones aún por superar, por parte del cerebro humano medio, refiriéndonos como "cerebro humano medio" a un cerebro entero pero con una capacidad asimilable a la media total. Si a eso añadimos que una media total es un panty y que una media a secas llega solo a mitad del muslo, podríamos concluir que la capacidad de la humanidad para comprender dicho enigma, se sitúa de cintura para abajo. Conclusión que podría hacerse extensible al 99% de los enigmas con los que la humanidad se ve obligada a lidiar cotidianamente.

Aclarado este punto, el enigma en cuestión es la utilidad real de las rebajas. Y es que por mucho que los precios desciendan, al ciudadano medio (o panty) en el fondo le importa un huevo, ya que no por ello va a gastarse menos dinero del previsto sino que se va a llevar más cosas a cambio, lo que va a producirle la agradable sensación de que es muy inteligente. Pero lo que generalmente se ignora es que comprar en rebajas no solo no sirve para ahorrar, sino que además no sirve para NADA, lo que vamos a ilustrar con un ejemplo muy simple de flujo de caja, cash-flow para los entendidos (y para los no, el nombre de un popular pienso para gatos). Las hipótesis de partida serían:

1. Supongamos que sus necesidades de renovación del vestuario de temporada implican renovar una falda al año.

2. Las necesidades de renovación es un patrón fijo, independiente del stock acumulado que tenga  usted en el armario.

3. Las rebajas son del 50%, por lo que usted comprará sistemáticamente el doble de lo que necesita.

1er año
Necesita 1 falda
Compra 2 faldas
Total en su haber: 2 faldas

2o año
Necesita 0 faldas (necesitaría 1 pero tiene la que se compró de más el año pasado)
Compra 2 faldas (aplicación del patrón fijo reforzado por el 50% de descuento)
Total en su haber: 3 faldas

3er año
Necesita -1 faldas (podría regalarle 2 faldas a su vecina, pero ella está más gorda que usted...)
Compra 2 faldas (la cabra tira al monte...)
Total en su haber: 4 faldas (las hay que con menos montan un atellier...)

Etcétera... y si nadie la para, se planta usted al cabo de diez años de rebajas con un stock de once faldas, sin que por ello desaparezca ese sentimiento de desamparo cuando abre su armario y suspira que no tiene NADA que ponerse. Y es que ninguna de las once benditas faldas (la mini, la tejana, la de tubo, la de tablas, la de globo, la elástica, la de colegiala, la de pinzas, la de flores, la de cuero y la de faralaes) es de temporada. Si a eso le añadimos que esa temporada los diseñadores han decidido que las mujeres se tapen el culo únicamente con una blusa larga, resulta que allí donde la falda justificaba su sueldo, ahora no hay NADA (excepto media nalga que asoma bajo la blusa). Dicho esto podemos concluir que efectivamente, tras diez años comprando de rebajas el doble de lo que realmente necesita, es posible que no tenga  usted NADA que ponerse.

viernes, 7 de enero de 2011

Mamando se entiende la gente

Una leyenda urbana es un relato que se sitúa sobre la delicada línea que separa la realidad de la ficción y cuyo argumento se basa generalmente en la extracción de objetos y/o mascotas del interior del ano u órganos reproductores de un tercero. Pero si usted piensa que los hechos truculentos tales como la espeleología genital, son un invento de este siglo, o bien le han faltado a usted veranos en su pueblo o bien no ha visto demasiado cine español. En todo caso, mucho antes de que los hámsteres se convirtiesen en algo más que una compañía, las leyendas rurales de tradición oral ya recogían fenómenos sorprendentes como éste.

Efectivamente, y por mucho que en las esferas científicas se siga poniendo en duda la capacidad anatómica de las serpientes para churrupar, lo que está comprobado es que dichos reptiles se sienten irremediablemente atraídos por el olor de la leche materna. Otro tema es que dicha atracción los lleve hasta el punto de hacer uso del auto-servicio y se tomen la leche directamente del pezón.

Esta saludable práctica, y es que las culebras serán grimosas pero no tontas, les ha valido buena parte de la mala reputación de la que actualmente gozan, lo que supone un terrible agravio comparativo, dado que lo de mamar es algo que todos nos esforzamos por hacer y además, constantemente:

1. Guardamos en casa de nuestros padres todas las mierdas que no queremos tener en la nuestra:
- ¿Puedo tirar los Madelman que hay en el armario para guardar la insulina de tu padre?
- Está visto que no sientes ningún respeto por mi infancia...

2. Arrasamos con todas las muestras gratuitas que nos pongan por delante, aunque no sepamos qué coño hacer con ellas:
- ¿Para qué quieres veinte parches de nicotina, si nunca has fumado?
- Tú siempre das al traste con todas mis ilusiones...

3. Un mismo objeto tiene un valor radicalmente diferente, en función de si queremos comprarlo, o si queremos venderlo:
- Olvídate de que te paguen algo por el vídeo VHS, si te estorba regálalo y punto.
- Sí hombre, si está nuevo...

Así que si alguna noche se despierta usted con una leve molestia en alguno de sus (dos) pezones:

1. Si es puntual, metálica y brillante, lo que tiene usted es un  piercing, y bastará con que se de la vuelta.

2. Si es permanente e insistente, es su retoño de 30 años que no se va de casa ni con agua caliente.

3. Si es dolorosa y angustiante, son las nuevas medidas dictadas por el gobierno para combatir la crisis.

4. Si es una pinza metálica conectada a una batería de bajo voltaje... lo que tiene usted es mucho vicio.

Si dicha molestia no responde a ninguno de los supuestos anteriormente mencionados, es probable que tenga usted algún reptil chupándole el pezón. En tal caso, lo mejor es que le obligue a volver al banco y concierten una cita en horario de oficina.

viernes, 31 de diciembre de 2010

domingo, 19 de diciembre de 2010

viernes, 30 de abril de 2010

Un año de humor

A los incombustibles blogueros: Acolostico, Anna, Bandero, Bororo, Manu, Marta y Rodericus, a los seguidores fieles como Roque, Sam Fayna, Nica, Irene, Roger, Eulàlia, y Oscar, y al resto, que siempre encontráis un momento para hacer una parada en Pepi Toria’s Blog:Muchas gracias por compartir conmigo este año de humor, espero que sigamos riendo, meando fuera de tiesto y sobretodo aprendiendo muchas cositas interesantes. 

Con el frenopático desde el cariño,

Pepi

PD: Os quiero… hacer un jersey de punto.

viernes, 16 de abril de 2010

¿Hay algún listo en la sala?


Contra de todo lo que se ha venido diciendo hasta ahora, se han hallado evidencias palpables que nos permiten afirmar que la humanidad se divide en dos tipos de personas: los que piensan que son muy listos, y el resto.

Si está entre sus aspiraciones lo de pertenecer al primer grupo, lo más importante es que se arrime a un tonto, por aquello de las ventajas que la relatividad puede ofrecerle. Aunque parezca fácil no lo es tanto, y es que tontos habrá muchos, pero no todos son adecuados. Fruto de las averiguaciones realizadas por nuestro equipo de investigación, podemos concluir que el mercado dispone de tres tipos de tonto:

1. El tonto “me caí de la mesa de partos” o tonto accidental. Es fácil de arrimar pero da unas prestaciones muy bajas, porque si va usted con él, parecerá tan listo que resultará poco creíble.

2. El tonto “soy tonto pero uso mi desconfianza para disimular” o tonto renegado.
Es de difícil arrime, pero si lo consigue le dará un rendimiento medio nada desdeñable.

3. El tonto “aún no me he dado cuenta de que soy tonto” o tonto vocacional.
Es el que da mejores resultados gracias a su talante espontáneo. El único inconveniente es que salga del armario y se incorpore al grupo anterior.

Si por el contrario, forma usted parte del resto del mundo, le será de gran utilidad conocer los parámetros que distinguen a un listo. De hecho, la manera más fácil de encontrar a un listo, es preguntar en voz alta, y es que los listos están ávidos de reconocimiento y de poder lucir sus capacidades que suelen manifestarse en cinco modalidades básicas:

1. La modalidad esto que voy a decirte va a cambiarte la vida.
- Es el mejor momento para comprar piso porque todos están desesperados por vender.
- Muchas gracias, ¿me cobra el café?

2. La modalidad rabolargo también conocida como yo más.
- He encontrado billetes por 200€ para volar a Japón.
- Ya pero ¿a que no incluye la vuelta?

3. La modalidad profética.
- ¡Qué partidazo, si es que hemos ganado dos a cero!
- Ya se veía venir.

4. La modalidad cantimpalo o cómo presumo de ser un choricillo.
- ¿Ves qué monitor? pues me lo llevé del trabajo.
- Pues déjalo irse a su casa, que tú lo que necesitas es una pantalla.

5. La molalidad, a secas.
- Vale que está de moda lo de los pantalones rotos, pero es que se te sale el 'ciruelo'…
- Envidioso…

Pero lo más importante es que tenga usted siempre muy presente las tres reglas básicas para sobrevivir en semejante entorno:
- Cuando el 100% de individuos de un colectivo piensan que son listos, nadie es listo.
- Si siente usted que está totalmente rodeado de tontos, es probable que sea usted un listo.
- Pero si siente usted que está totalmente rodeado de listos, es bastante probable que sea usted tonto.

viernes, 2 de abril de 2010

Con la mona en la mano

Las ya demostradas similitudes entre el hombre y el simio son todavía más evidentes a la vista de la estrecha amistad que siempre ha unido a ambas especies. Sobretodo en la infancia, los monos son uno de los bichos que mayor simpatía suscitan entre los más pequeños (el mono amedio, el mono-poly, el mono-plaza), simpatía que se ve truncada en cierta forma cuando se alcanza la edad adulta (el mono de trabajo, la mono-gamia, el mono de sustancias ilegales…), pero más allá del vínculo afectivo que nos une al mono, se encuentra el que nos une a la mona, con numerosos ejemplos fehacientes como la mona chita, la mona lisa, la mona curva y la operada (o ja-mona), la mona que se viste de seda o la amiga ra-mona.

Lo que no se ha dicho hasta el momento, es que bajo el título de 'mona' subyace un concepto mucho más poderoso que todos los mencionados anteriormente y que es el detonante de uno de los mayores despiporres económicos y gastronómicos que pueden acontecer en una familia (además de una boda), nos referimos sin duda alguna, a la mona de pascua. Y es que por mucho que pueda parecerle a usted que una tarta decorada no merece mayor atención, debe saber que la mona de pascua es un concepto abstracto e idealizado bajo el que se amparan todas las aberraciones producibles a partir del chocolate, y con unos precios que pareciera que éste se hubiera criado en barrica.

La mona de pascua, puede irrumpir en la vida del individuo bajo innumerables apariencias:

1. La mona-muñón. Dícese de aquella que ostenta una figurita de chocolate de dudosa forma. Son ideales para los padrinos que suelen olvidar las peticiones de sus ahijados.
- Pero, yo te pedí que fuera de los 'mormiti'.
- Pues claro, y ahí tienes el 'mormiti'.
- ¿Y por qué lleva el lazo de la 'jelou quiti'?

2. La mona-minimal. Dícese de aquella que se reduce a un huevo de chocolate en su máxima expresión, lo que viene siendo un HUEVÓN.
- El huevo es muy chulo, pero ¿dónde está la tarta, el muñeco, las plumas y las chuches?
- El huevo se los comió a todos, búscalos dentro.

3. La mona especulativa. Dícese de aquella que refleja los deseos inmobiliarios más inconfesables.
- Entonces ¿te ha gustado el castillo de la princesa-sirena y cantante?
- Sí pero ¿dónde tiene plaza de parking?

Y podríamos seguir hasta la noche, desgranando el resto de numerosas variantes de la mona, capaces de desorientar al más pintado.

La sentimental:
- ¿Vendrás con la mona?
- No, lo hemos dejado.

La erótica:
-¿Me harás la mona?
-Sí, pero en privado.

Pero si lo que usted quiere es que su ahijado guarde un grato recuerdo de ese día, lo mejor es que le haga la mona usted mismo y con ello habrá conseguido dos cosas: en primer lugar, le habrá usted regalado el tiempo que dedica en hacerla, y su ahijado cuando eche la vista atrás podrá valorar adecuadamente el esforzado gesto y en segundo lugar, no habrá usted pagado sesenta euros por un mojón de chocolate, con ello su ahijado lo recordará siempre como a un padrino y no como a un primo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Cosas Sobre Investigación

Las Cosas Sobre Investigación, en adelante CSI, tienen una gran aceptación popular, llegando a considerarse como una de las principales fuentes de conocimiento al alcance del pueblo llano. Lo que no se acaba de saber es qué tienen todas esas series televisivas de CSI para que, a pesar de que siempre sigan el mismo patrón (los protagonistas parten de una escena del crimen rocambolesca, luego sacan fotos, luego pasan el cepillo, después intimidan a los sospechosos y finalmente descubren al culpable), nos resulten tan adictivas. Y es que la fórmula magistral de las CSI es el resultado de la combinación de diversos factores:

1. El investigador es capaz de leer la escena del crimen como si fuera un periódico:
- El asesino disparó a la víctima mientras dormía, luego estuvo un rato probándose su ropa interior y finalmente escapó por la ventana.
- ¿Cómo sabe todo eso?
- Porque lo dice en la confesión que dejó antes de irse.

2. Los píxeles no existen. Cualquier imagen u objeto pasado debidamente por el scanner, adquiere más nivel de detalle que un cuadro barroco:
- Si hacemos un zoom del pellejo que encontramos entre los colmillos del perro, se distingue claramente que la piel de la víctima estaba perfectamente hidratada.
- ¿Y eso qué nos aporta?
- Que era mujer, gay o metrosexual.

3. Y algo parecido sucede con las grabaciones de audio defectuosas, una vez caen en manos del especialista con el programa informático adecuado:
- Bien, ¿hemos averiguado algo del sospechoso?
- Sí, que es minero
- ¿Y qué más?
- Que templó su corazón con pico y barrena.

4. El más nimio detalle puede ser la clave para tirar del hilo de la investigación:
- A partir de la reconstrucción facial que nuestros especialistas han realizado basándose en el trozo de oreja que hallamos en el lugar de los hechos, se deduce que la víctima no tenía nariz.
- Fantástico, con ese dato se reduce considerablemente la lista de sospechosos.

5. Pero lo más sorprendente de todo es el conocimiento de los protagonistas en cuanto a la procedencia de cualquier sustancia:
- El arma tenía restos de un mineral llamado 'cualcurnia'.
- Ajá, ese mineral sólo se extrae de una mina al sur de Italia.

o
- El arma tenía restos de unas fibras denominadas 'esparto'.
- Ajá, ese material únicamente se teje en una cooperativa de Calasparra.

o
- El arma tenía restos de calimocho.
- Habrá que pedir una orden para acordonar España.

o
- El arma tenía restos de azúcar glass.
- Perdón, es que me has pillado merendando.

y solo muy, muy, ocasionalmente
- El arma tenía restos de semen.
- Bueno, mejor la llevamos al laboratorio.

viernes, 12 de marzo de 2010

No cualquiera planta un pino

Existe un dicho que promulga que “lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal” y eso es exactamente lo que diría LA ARQUITECTURA, si tuviera boca. Y es que por mucho que unos presuman de conocerla, otros de aborrecerla y otros de perpetrarla, el caso es que a excepción del libro gordo de petete, pocas cosas enseñan, divierten y entretienen tanto como la contemplación ensimismada del fruto de esta noble disciplina.

Los orígenes de LA ARQUITECTURA, han sido objeto de numerosas teorías, de entre las que cabe destacar una de las más antiguas y argumentadas que sostiene que la arquitectura nació el primer día que un hombre se cobijó bajo un árbol. Poco se imaginaba el individuo en cuestión que su apremiante necesidad por echar un meo fuera a ser interpretada con tanta ceremonia, y es que, sin pretender en absoluto dar al traste con la poética del momento, no hay que olvidar que si un hombre se cobija bajo un árbol y no es para mear: o es para encender un cigarro a resguardo de la lluvia, o es para atarle la bufanda de su equipo de fútbol. En todo caso, la teoría del árbol nos aporta un dato valiosísimo: la arquitectura es más vieja que la zarzuela (de pescado) con todos los vorvones dentro.

Lo curioso es que la historia del árbol no ha caído, ni mucho menos, en el olvido y suele ser una analogía arquitectónica más que recurrente. Qué tendrán los árboles, se estará preguntando usted, pero lo más importante no es qué es lo que tienen, sino qué es lo que han hecho, pregunta que los árboles se hacen a sí mismos constantemente cuando leen cosas como ésta.

Y es que, árboles aparte, LA ARQUITECTURA tiene tantísimas facetas que se presta a todas las analogías posibles, porque LA ARQUITECTURA no conoce límites:

La arquitectura no conoce límites ideológicos:
-Esa fachada me vuelve loco...
-Nos pasa a muchos.

La arquitectura no conoce límites lógicos:
-Hay que tener talento para diseñar ese porche.
-Y un par de cojones para ponerlo en Islandia.

Ni ecológicos:
-Esta casa funciona con la energía que obtiene de la mierda de vaca.
-¿Y el edificio anexo?
-El establo para criar las vacas.

Ni económicos:
-Habrá que hacer algún recorte para ajustarse a presupuesto.
-¿Quitamos los capiteles de mármol?
-Quitaremos los inodoros, que no salen en la foto.

La arquitectura no conoce límites sociales:
-Nuestra casa es un proyecto original de Vahn Skorm
-Pues la nuestra es de Pin-y-Ponn

Ni físicos:
-Su valla está dentro de mi jardín
-Pues su jardín es una buscona

Ni químicos:
-Insisto en que me haga una casita de jabón.
-Ya veo que no se la va a quitar de la cabeza.
-¿Por la insistencia?
-Por los resbalones.

La arquitectura no conoce límites espirituales:
-Construimos un centro multi-religioso para integrar a las etnias de todo el municipio.
-¿Y funcionó?
-Sí, la primera semana ya se dieron todos de hostias.

Ni penales:
-¿Qué sabes de Pepe?
-Ahora vive en un espacio compacto con todo integrado.
-Ha vuelto al trullo
-Sí...

Ni funcionales:
-¿Pasamos la tarde en el Macba?
-No tengo más ganas de skate, mejor vamos a un museo.

viernes, 26 de febrero de 2010

viernes, 19 de febrero de 2010

El viajar es un 'pacer'

En el primer mundo, viajar es una práctica bastante habitual en sus cuatro modalidades básicas: viajar por el espacio, viajar por el tiempo, el viaje espiritual y viajar en agosto. De todas ellas, la última es la que ha tenido una mayor aceptación al tratarse de la modalidad que menos requerimientos exige ya que, desafortunadamente, para viajar por el espacio hace falta una nave, para viajar por el tiempo hace falta imaginación y para los viajes espirituales hacen falta drogas. Pero nada de eso impide que, entre estas variedades menos extendidas se produzcan situaciones en las que se vislumbra algún que otro prejuicio:

Viajar por el espacio:
- Me he unido a una expedición para conocer marte.
- Qué bien, ¿sabes si hará sol?

Viajar por el tiempo:
- Me voy a visitar valladolid.
- Qué bien, ¿sabes si usan euros?

El viaje espiritual:
- Me voy a fumar este porrito a ver si concilio el sueño.
- Personas como tú degradan nuestra sociedad.

Aún así, más interesante que los viajes, son los viajeros, porque la idiosincrasia del viaje da para mucho:

1. El hippie que carga 30 días con una mochila, come lo que se encuentra, se afeita con una chapa de coca-cola y, cuando vuelve, una revista de prestigio internacional le compra las fotos del viaje y se pasa los seis meses siguientes tocando la flauta.

2. El gili que intenta cargar 30 días con una mochila, comer lo que se encuentra y afeitarse con una chapa de coca-cola y, cuando abre los ojos, toda su familia está con él en el hospital.

3. El que pasa quince días en un complejo turístico de lujo en el Caribe, vuelve gordo, ebrio y maravillado de que “los nativos” hablaran inglés.

4. El que se va a su pueblo, como cada año y vuelve gordo y ebrio y se pasa una semana escondiéndose del sol.

Pero a pesar de todo lo dicho, lo más satisfactorio de hacer un viaje, es explicarlo y enseñar las fotos, TODAS, porque son tan bonitas que difícilmente puede uno hacer una selección sin desmerecer a ninguna, no obstante, hay quien se inclina más por los reportajes temáticos:

1. El gastronómico: el carpaccio del primer día, los bollitos del almuerzo, el frankfurt en el aeropuerto…

2. El egocéntrico: 'nosotros en roma, nosotros en milán, nosotros en florencia… ¿la cúpula? un monumento que tienen allí'.

3. El cansino: iglesia, iglesia, monolito… estatua, monolito, museo.

4. El chungo: un gato en la plaza del Louvre, un poste de teléfono con graffitis, una señora haciendo punto…

No obstante, lo mejor que puede pasarle a usted es que le ofrezcan ir a ver un reportaje del tipo “El divino”, porque por mucho que se hable de él, al final nadie llega a verlo.