viernes, 24 de abril de 2009

El blues del 'manolito'

La presencia de pelusas habitando los suelos de muchos pisos, es un hecho cotidiano que ha convertido a estos elementos en iconos del actual modus vivendi. Por ello, si un día al abrir la puerta de casa, se encuentra con una multitud peluda, amorfa e inquieta, que le da la bienvenida, debe saber que no se trata de sus parientes del pueblo, sino que está usted siendo víctima de una plaga de manolitos

El manolito común, manolitus nigra, es una especie salvaje cuyo hábitat natural son los hogares, dando lugar a extensas comunidades de individuos que migran en manada de habitación en habitación hasta colonizar toda la casa, a excepción de la cocina y el baño, porque la humedad les carda el pelo.

Para la formación de un manolito, hace falta un proceso de sedimentación y consolidación de la materia prima. Dicho proceso requiere de tiempo, pero una vez concluye y el manolito está preparado para echarse a rodar, ya es tarde para cualquier acción moderada. Como todo en esta vida, la prevención es la clave, pero si es usted un espíritu libre de rutinas y convencionalismos, lo que viene siendo un guarro, no puede permitirse bajar la guardia con esta cuestión. Piense que, si para pasar del plano al cubo, la humanidad ha necesitado miles de años, el manolito pasa del polvo a la pelusa en un suspiro, lo que nos indica que no debemos subestimar su potencial.

El peor enemigo del manolito, son las madres y su mejor arma, la falta de empatía. Por ello, jamás confíe en confraternizar con el manolito, todo el que ha intentado hacer uso del diálogo para ganárselo, ha enloquecido antes de poder descolgar el teléfono y llamar a su madre. El manolito es absolutamente anárquico y ajeno en todo aquello que va más allá de su tribu y su yo intrínseco, y ya se está investigando su posible vínculo con el pueblo gallego sin que se hayan obtenido, a día de hoy, resultados fehacientes.

Un claro ejemplo de su indomabilidad son los últimos experimentos realizados al respecto por la Universidad de Massachusetts, basados en el estudio del comportamiento de una comunidad de manolitos en su hábitat natural, tras serle implantadas células madre de un caniche. Lo único que consiguieron fue que se measen en todas las puertas de la casa.

Como último consejo, que puede serle de gran ayuda: si descubre un manolito solitario deambulando por su sala de estar, no sea tan ingenuo como para pensar que se ha perdido: un manolito solitario es un ‘rastreador’ y si hay ‘rastreador’ puede estar seguro de que en algún rincón de su casa hay una manada. Porque lo más curioso de los manolitos es que por muy estrechamente que uno conviva con ellos nunca se llega a saber realmente de dónde salen... son como los votantes del PP.

viernes, 17 de abril de 2009

El derecho a no hacer caca

Empieza a ser especialmente insistente el alud de productos que se anuncian en los últimos tiempos prometiendo la reconciliación de la mujer con uno de sus enemigos históricos: la caca.

Véase el original anuncio que repiquetea estos días en nuestras pantallas y que es fruto de la más alta tecnología en marketing: chica de ‘trentaitantos’ (con cierto aire de languidez congénita) que viaja sola en un tour organizado (iba a ir con la otra de la pandilla que está soltera, pero justamente pilló chati una semana antes del viaje), rodeada de parejas pre-inserso (para que sea más evidente que es la única desgraciada que viaja sola y encima con la quinta de sus padres) y que únicamente recupera la paz cuando llega al hotel por la noche, se reencuentra con su cajita de enemas y se produce el final feliz.

Procedamos a analizar cuál es el mensaje que sutilmente subyace en esta curiosa historia:
1. Tienes motivos para ser una desgraciada, pero nunca se te negará la oportunidad de sacar lo que llevas dentro.
2. Tienes motivos para estar más colgada que un chorizo, pero si conoces a alguien durante el viaje tendrás el vientre liso como una tabla (y aquí podrían enlazar con otro anuncio de productos depilatorios y ofrecer un dos por uno).
3. Tienes motivos de sobra para pensar que estás haciendo un viaje de mierda, qué ironía, pero luego podrás explicar que entre tus piernas han pasado multitud de cosas.

Y digo yo, si por más que al llegar al hotel logre liberarse de las cargas mundanas, su vida no va a ser mucho mejor, déjenla tranquila con su estreñimiento y así tiene algo para explicar, que estos temas unen mucho y han dado lugar a un importante patrimonio de sabiduría popular que se ha
transmitido de madres a hijas a lo largo de generaciones: el consumo de acelgas a grandes toneladas, beber mucha agua, pasarse media hora de cuclillas, hacer flexiones y estiramientos... y todas las modalidades de lavativas y purgantes al uso.

Porque las soluciones a medias no funcionan y las mujeres queremos ser felices a tope y, si no puede ser por aquello de que venimos a un valle de lágrimas y nacemos para morir, entonces queremos ser desgraciadas a tope, para poder quejarnos a troche y moche ante todo ser viviente. Así que desde aquí reivindico el derecho a no hacer caca, y a que cada uno ejerza libremente sus competencias para saldar cuentas con el ecosistema cuando le venga en gana.

Volviendo al caso, la verdad es que el estreñimiento entre la población femenina, es como el historial de la selección española, generalmente decepcionante pero con momentos punta gloriosos que se recuerdan durante décadas… y no por eso les metemos cosas por el culo.