viernes, 29 de mayo de 2009

'Limpio...luego desisto'

Existe un teorema matemático, de útil aplicación a la vida doméstica, que cualquier recién emancipado debe conocer e interiorizar: la cantidad de suciedad producida es inversamente proporcional a la superficie de la vivienda que la contiene. Dicho teorema desmiente el mito popular de los pisos pequeños ‘como es pequeñito limpias menos’, y una mierda.

Por ello, si sufre usted de una actitud desenfadada hacia la pulcritud y el orden, debe tener en cuenta dos cosas:
1. En base al teorema enunciado, el parámetro de referencia es la altura del plano horizontal teórico por debajo del cual se sitúa el estrato sedimentario. Dicho más fácil, ¿hasta dónde llega el tema?, ¿roza la cortina?, ¿asedia al sofá?, ¿encumbra el zócalo?... como ve, su valor se obtiene mediante la observación empírica.
2. Una vez asimilado el concepto, es importante definir la altura de corte, es decir, con qué altura máxima de porquería empieza uno a pensar en cortarse las venas. La altura de corte está directamente relacionada con el grado de actitud desenfadada hacia la pulcritud y el orden que tenga cada individuo. Dicho más claro, todos conocemos al guarro que llevamos dentro.

Porque el guarro que llevamos dentro, se manifiesta en todo su esplendor cuando el daño ya está hecho y tiene que tomar una determinación al respecto. Y curiosamente, las diferentes actitudes a la hora de tomar dicha determinación, responden a cuatro patrones de comportamiento sospechosamente masculinos:
1. El momento Armaggedon o tu casa está en punto crítico y tienes que pasar a la acción porque la humanidad depende de ti.
Te encierras todo el fin de semana para limpiar a fondo y ya aprovechas para ordenar las fotos y enmasillar los agujeros de todas las paredes.
2. El señor de los anillos o los orcos te van a comer y tú les mentas a la madre.
La mierda cae a borbotones por doquier y tú pasas un trapito por la encimera para que no se diga.
3. El momento Braveheart o tu casa está invadida, vas con el culo al aire porque no tienes más ropa y sólo te queda limpiar o morir.
Montas una 'fiestaca' con muchos 'erasmus' y al día siguiente limpiáis todos juntos.
4. El momento Shrek o tu casa es una ciénaga y en tu cocina hay una galleta que habla.
Asumes con dignidad el hecho de ser un 'cerdete' y vives feliz en entrañable compañía.

Finalmente y para el caso de no manifestarse ninguno de los cuatro patrones mencionados, es de aplicación by default El momento Matrix o nada de lo que ves es real, vas de negro para disimular los lamparones y comes con las manos porque no hay cuchara ni ningún otro cubierto que esté limpio, que es lo mismo que decir ‘te enajenas de la mierda terrenal mientras sueñas ser metrosexual’.

viernes, 22 de mayo de 2009

En la playa no se 'chicha'

Estudios sociológicos mantienen la teoría de que en tiempos de crisis las ventas de pintalabios rojos se incrementan de forma significativa. Efectivamente, y conste que para eso no es necesario tantos estudios, todo el mundo sabe que cuando peligra el pan lo mejor es irse pronto a la cama y follar como conejos, a ser posible en alguna de sus modalidades gratuitas. Con ese método se logran dos objetivos:
1. Se te olvida que has cenado croquetas de papel de aluminio.
2. Al día siguiente acudes contento al trabajo o al INEM o a donde toque.

A todo esto no queda claro el detalle del pintalabios, pero como esos estudios se han hecho en el extranjero, vaya usted a saber si por allí se pintan los labios para follar…aquí desde luego no.

Pues una medida tan sencilla para superar el mal trago de la crisis no está tan clara según cierto ayuntamiento de un municipio costero, que es noticia estos días por su novedosa ordenanza donde, entre otras cosas, se prohíbe chichar en la playa, aunque sea pagando, pagando al proveedor se entiende, a lo mejor si se pagara al ayuntamiento según el efímero concepto de uso y disfrute del dominio público, ahora estaríamos hablando de cualquier otro tema. No deja de ser paradójico que, partiendo de la base científica de que chichar levanta el ánimo del obrero, un ayuntamiento, lejos de incentivar tal práctica, la penalice y obligue al obrero a irse a un hotel. Ya puestos hubiera sido más efectivo desplegar una campaña publicitaria con el lema ‘si te da el calentón, te aprietas el cinturón’ y dejarse de ordenanzas de enrevesado trámite.

El contenido de la ordenanza esgrime el objetivo de ‘ordenar el espacio público de la ciudad’ insiriendo en el ideario popular una serie de particulares y novedosos conceptos:
1. Nada de chichar en espacios públicos ni en espacios privados de uso público. O lo que es lo mismo, ‘a chichar te vas a casa’.
- Pero es que yo vivo bajo un puente por culpa de la crisis…
- No lo está usted arreglando, caballero.
2. No sólo se prohíbe chichar, también el hecho de ofrecerlo, solicitarlo, negociarlo o aceptarlo.
- Pero oiga, si sólo le estaba pidiendo el teléfono…
- Pero yo reconozco una mirada sucia en cuanto la veo.
3. Chichar a menos de 200 metros de un colegio es un agravante.
- ¿Y por qué es un agravante? ¡si estamos haciendo un niño!
- Sí, pero es demasiado pequeño y no lleva el uniforme.

Y para más inri, la ordenanza de marras no se aventura a definir lo que se consideran encuentros sexuales y lo que no. Que lo de chichar penalice lo puede entender cualquiera, pero ¿qué pasa si te la chupan?...una vez le pasó a Clinton y dijeron que eso no era sexo.

jueves, 14 de mayo de 2009

Losing the macho

“Aunque caíste del cielo,
te engalanaste de pelo,
para hacerte terrenal,
que no hubo tanta sal
en las minas de Cardona,
ni tanta testosterona
en concilio cardenal.

‘Soberano’ en una mano,
en tu boca una ‘jamona’,
el ‘Ducados’ humeante y
en la higiene los desplantes
no conocen más rival…
¡ay macho, cuando nos faltes…!
¡quién va a hacernos ‘de llorar’?”

Según los últimos estudios realizados por el PIMPON, Plataforma Institucional del Macho Por la Ostentación de su Nobleza, y tal como se advirtió en su último boletín de tirada nacional, se aproxima un fuerte periodo de recesión para el colectivo del macho.

Tras haber sido durante décadas, espejo y orgullo de nuestra sociedad, el macho es hoy uno de los arquetipos que ha resultado más perjudicado por el estilo de vida moderno, los derechos humanos, la Organización Mundial de la Salud y demás zarandajas. A voz de pronto, podría parecer este un manifiesto alarmista que no refleja lo que sucede a pie de calle, pero no se deje engañar por falsas impresiones, recuerde que no es macho todo lo que ruge. Usted mismo, en numerosas ocasiones, habrá creído ver un macho cuando en realidad se trataba de un simple aspirante resultón aunque sin aptitudes, lo que viene siendo un SARASA.

Los SARASA, se distinguen por carecer de todas las ‘virtudes’ del macho y envidiarlas secretamente. Para suplir esta carencia, acostumbran a agruparse para recrearse en los tiempos idílicos en los que el hombre se enfrentaba a la bestia y en los que se pensaba que el cepillo de dientes era para cuando te sale el pelo en la boca. De esa forma viven la ilusión puntual de ser machos y así combaten las inclemencias externas:
- Fumar está mal,
- Tu mujer puede ganar más que tú,
- La piel debe estar permanentemente hidratada...


Las agrupaciones SARASA acaban funcionando como una cooperativa, sustentándose en lo que los expertos denominan el buclus franca o, lo que es lo mismo, el bucle de chuparse la polla:
-tío, eres cojonudo
-no, tú sí que eres de puta madre
-qué cabrón, tío
-tú sí que eres un cabronazo
-jo tío, qué cojonudo
-no, tú sí que eres de puta madre
-qué cabrón, tío
-tú sí que...
etc...
Porque según recientes investigaciones, los colectivos subsidiarios de la figura del macho empiezan a resentirse y a modificar su comportamiento, y todo ello no es más que la triste consecuencia del hecho que venimos exponiendo desde el principio: estamos perdiendo al macho. Pero aunque eso nos deje el corazón partido, todos sabemos que el hecho de tener un macho en la familia ya no es muy diferente a tener una yogurtera: en los setenta era lo más, hoy la conservas por nostalgia pero no hablas de ello... y en algún caso albergas la esperanza de que acabe saliendo del armario.

viernes, 8 de mayo de 2009

Qué se hace con la teta...

Ignorada en la infancia, codiciada en la pubertad, cotizada en la discoteca y supuestamente rentabilizada durante la maternidad, la teta es uno de los becerros de oro de nuestros tiempos que, todavía hoy, sigue siendo objeto de múltiples controversias sin resolver.

La teta irrumpe en la vida de las adolescentes, llegando a poner tal empeño en algunas individuas que aquello resulta ingestionable. A consecuencia de eso, nuestro idioma se ha visto enriquecido con multitud de expresiones que hacen las delicias del gremio del andamio: el sutil y socorrido 'hace un calor que te torras', el poético 'quién fuera un tulipán entre esas dos macetas', o el práctico 'niña dónde vas con eso, que te vas a hacer daño'…

Por otro lado, no hay que olvidar que la teta forma parte de una congregación, generalmente de dos, y ello da lugar a nuevas disyuntivas referentes a cuestiones de composición:
1. Las diferencias de tamaño, o te sale algo…dón por el escote
2. Las diferencias ideológicas: cada una mira para su lado.
3. Las diferencias sociales: una mira por encima de la otra.

Pero a pesar de todos los traumas sobrevenidos, el caso es que la teta llega, se instala y se acabó para siempre lo de jugar con tu vecino. Es difícil imaginar que, cuando años después llega el momento de darle el uso cristianamente correcto, resulta que tampoco está tan claro: si no se da, el bebé no tiene defensas y cada vez que le asome un moquito todas las miradas irán a la madre y no al pañuelo. Pero a priori, nadie explica las consecuencias de darla, cuando existen anécdotas que pondrían los pezones de punta a la mismísima madre Teresa, como el bebé que mordisquea con las encías llegando a producir hemorragias…y digo yo, que si el mamón es capaz de morder una teta, ¿no es mejor que se pase a la mortadela? y que postergue el rollo sádico para cuando crezca y estudie derecho…

Pero nada de lo dicho es comparable con la encrucijada del sujetador. El sujetador es, hoy en día, el símil téxtil a las rinoplastias por problemas respiratorios, o lo que es lo mismo, una tapadera. Producto de una conspiración femenina de alcance internacional, es un elemento distorsionador entre lo que se ve y lo que subyace, velando todas las posibles taras de serie: escasez, colgandez, amorfez y multitudes de ez que únicamente afloran en el momento en que el destinatario ha firmado el albarán y se dispone a abrir su regalo. Márketing y del agresivo. Por ello, mientras que la corriente minoritaria, formada por hippies y fans del bisturí, promulga el ‘nacidas para ser libres’, el resto de mujeres del mundo se decanta irremisiblemente por el ‘agárralo como puedas’ asociado a ‘mentiras arriesgadas’.

Por todo ello, se concluye que todavía no está claro qué se hace con la teta, si se da o no y a quién, si se sujeta o se libera…. Lo que sí está comprobado, es que las tetas son como las armas de destrucción masiva…aunque nadie pueda verlas, basta con imaginar que están ahí para que al final alguien actúe pensando con la polla.

viernes, 1 de mayo de 2009

La lagarta de tu madre

Las actuales líneas de investigación antropológica parecen indicar que el cerebro humano, tal como lo conocemos hoy, no es más que una evolución ampliada y mejorada del cerebro que tenían nuestros antepasados que son, por orden cronológico: la ameba, el pez, la rana, el lagarto y el mono.

La ameba, el pez y la rana no debían tener demasiadas luces, porque cuando se habla del cerebro primitivo del ser humano, siempre se hace referencia al cerebro reptil. El caso es que dicho cerebro tampoco era un derroche de tecnología punta y servía únicamente para garantizar los servicios mínimos de supervivencia: buscar comida, buscar refugio y aparearse. Nada que ver con el infinito abanico de posibilidades que nuestra actual capacidad cerebral nos brinda, habilidades entre las que destacan:
- Detectar las comisiones del banco e ir a quejarnos.
- Detectar los festivos puenteables y buscar vuelos baratos.
- Detectar el wi-fi del vecino y ponernos moraos a bajar pelis…

Visto esto, la conclusión es que el cerebro reptil es una sección de nuestro cerebro, considerada anacrónica por muchos, pero que ha sabido conservar sus competencias originales a pesar de existir departamentos más eficientes y equipados para desempeñar su tarea, ya que según palabras textuales de una neurona añeja ‘aquí cada vez somos más pero el trabajo lo hacemos los mismos’, un curioso paralelismo con muchos de nuestros organismos públicos.

Por todo ello, no sería ninguna extravagancia que la humanidad hiciera un acto de humildad y reconociese dos cosas:
1. Que toda nuestra evolución se ha producido por una mera cuestión de embellecimiento superficial de la especie, con lamentables excepciones.
2. Que si pensamos como lagartos, somos lagartos, de manera que la expresión ‘no me toques los huevos’ por fin extiende su aplicación al género femenino.

En adelante, frases como ‘tu madre es una lagarta’, deberían quedar exentas de su sentido metafórico puesto que, si todos somos reptiles, nuestras madres también lo son por una pura cuestión de lógica-biológica. Y si tras esta exhaustiva exposición de argumentos siguen quedando incrédulos, los animo a todos ellos a hacer una breve exploración en el seno de sus propias familias y a que me digan si no habita en ellas alguna que otra víbora.

Por otra parte, hay que reconocer que por mucho que el hombre haya aprendido a alcanzar sus objetivos básicos sin babear ni proferir gruñidos, dichos objetivos continúan siendo exactamente los mismos: dígale al buscar comida, buscar curro, llámele al buscar refugio, suplicar por una hipoteca, y a la delicada cuestión del apareamiento, dígale vamos a unir nuestras nóminas para suplicar juntos por la hipoteca, porque lo de follar ya ha pasado a un segundo plano que, como un efecto más de la globalización, todo lo que es producción ya sólo se hace en China...