viernes, 19 de junio de 2009

Cuida de tu pijo

Está científicamente demostrado que cuando un padre llega a casa y descubre que su nene ha repasado con ketchup las juntas de todas las baldosas, no hay lugar para otra cosa que no sean tres palabras, tres palabras que empiezan por 'su' y acaban con 'madre'. Lo que no se sabía hasta hace relativamente poco era que, mientras se produce el momento su puta madre, el cerebro aprovecha para hacer un reset y la glándula mangoneantus segrega una serie de encimas que adormecen la ira y sumen la mente paterna/materna en un bucle culpabilizante: “como no le dedico suficiente atención, mi hijo expresa su frustración a través de las infinitas posibilidades que el ketchup le brinda.”

Por ello, el mercado pone a la disposición de todos los padres abducidos por su vida laboral, un amplio abanico de productos que, ni de coña les ayudarán a pasar más tiempo con los peques, pero les harán sentir como si fueran mucho mejores padres, y como los sentimientos son lo primero, pues se compra y listo:

1. El lácteo-milagroso. Enchufarle una dosis antes de una interminable jornada de actividades extraescolares. Debe saber que el crío del anuncio se pone incandescente durante la ingestión, así que si en su casa son más de lámparas halógenas, tendrán que buscar otro producto.



2.Meter al niño en una burbuja. Poética imagen empleada en la campaña de una compañía de seguros, en la que se vendía “seguridad para los tuyos”, refiriéndose sin duda a los que se quedaban fuera.

3. Suaves toallitas monodosis perfumadas. Un alud de caricias para el ojal, porque tiempo habrá para que la vida le enseñe su peor cara, o lo que es lo mismo, que le dé por culo.

Y en general, cualquier producto alimenticio que se jacte de llevar hierro o calcio, porque en el lenguaje del marketing publicitario, el hierro y el calcio es a los niños, lo que la fibra a las estreñidas, la soja a las menopáusicas, el bottox a los pellejos y el cochazo a los acomplejados: una fórmula estúpidamente facilona y curiosamente irresistible.

Para el caso en que ninguno de los productos mencionados apacigüe sus profundos remordimientos, y aunque sólo dios sabe cuánto Damien corre suelto por esos (sus) mundos, deberá contentarse con el hecho de que tener un hijo es como tener dinero invertido en letras del tesoro: se pasa uno la vida esperando a cambio de un dudoso rendimiento, pasan años en que ni siquiera lo ves, y la única certeza es que si un día regresa, será porque ya no lo quieren en ninguna otra parte.

4 comentarios:

acolostico dijo...

Y el instinto materno? y el reloj tictactictac?

La verdad es que lo de las baldosas es ingenioso, yo estaría orgullo del artista en ciernes, eso a la larga es pasta :P

manu dijo...

Tomo nota de tan sagaces soluciones para aplicarlas (o no) a mis pequeninjas.

Eso sí, yo no pierdo la esperanza que se hagan millonarios y pueda vivir a su costa.

Anna dijo...

S'ha convertit en una missió impossible. No hi ha res més difícil que intentar comprar llet que només porti llet....

I el post m'ha fet pensar en aquesta necessitat tan imperiosa que el teu nen de 8-12 anys tingui mòbil pq així pots saber on és en tot momnet.....
Que...jo em pregunto, si el teu nen té entre 8 i 12 anys no has de saber on és en tot moment amb o sense mòbil??

Alguna cosa se m'escapa....

Marta dijo...

Invertir en botes, pilota i esperar que es torni el proper CR94 i et jubili???