viernes, 17 de julio de 2009

Qué bien se está tumba-do

Son pocas las ocasiones en las que la administración local promueve iniciativas de interés público que nos devuelvan la confianza en el sistema, por contra son muchos más los momentos en que las webs municipales nos obsequian con fenómenos administrativos paranormales tales como poder realizar un trámite de “cambio de titularidad de un nicho por defunción del titular”. Desde aquí mandamos saludos a los habitantes del municipio en cuestión y felicitamos a su ayuntamiento por esta experiencia pionera.

Partiendo de la conjetura de que nadie se desprende de las cosas que pretende seguir utilizando, y que según unas encuestas publicadas por Deconomist, el porcentaje de muertos que prefieren los ataúdes (amplios, sin humedades y en las afueras), está muy por encima de los que se decantan por las urnas o los zapatos de hormigón, resulta imposible no formularse una serie de preguntas:

- ¿Se puede demostrar que el titular se halla en plenas facultades cuando designa al heredero?
- ¿Cómo será eso de heredar una caja con sorpresa?
- Y sobretodo, y tratándose de una transacción de bienes, ¿hacienda se queda con algo?

La única explicación posible es que por aquella zona se tenga por costumbre enterrar viva a la gente y así los herederos disponen de unos cuantos días para hacer los trámites. Con ello se desmontan varios mitos creados alrededor del hecho de morirse:

1. La que te acecha no es la muerte, si no tu familia, que siempre resulta más reconfortante.
2. Eliges la ropa y te maquillas a tu gusto.
3. Oyes todas las cosas que dirán en tu funeral y si discrepas en algo, te levantas y lo discutes: “Es la última vez que lo digo, ¡yo no perdí a Toby!”

Los entierros en vida forman parte de un bochornoso capítulo de nuestra historia en que se torturaba a las brujas y otras gentes de mal vivir, pero si hoy en día hubiera que enterrar vivas a todas las brujas, habría más cementerios que peluquerías, y eso resultaría insostenible para una economía basada en el consumo, como la nuestra. Pero pasando por alto el hecho de que enterrar viva a la gente está mal y que las autoridades no deberían dar cobertura a los desahucios post mortem, se sabe que la recuperación de esta práctica ha abierto nuevas expectativas de mercado:

1. Paquetes de ocio “Total, son cuatro días”
2. Funerales personalizados: el imperio romano, los locos años 50…
3. Pólizas de seguros, a favor de tus seres queridos, por si “vuelves”,

Y es que la lógica funciona para casi todo menos para afrontar el gran momento y la sepultura es la única cosa comparable a la desfachatez humana: cuando es la propia la ignoras y cuando es de otro te revuelcas en ella hasta que te crujen los huesos.

4 comentarios:

acolostico dijo...

Hacienda siempre pide parte, pero no es tonta, la pide en metálico (y suerte que no es la Sgae...)

Y bueno, la verdad, pero no tengo ningún interés en saber que dicen en mi última despedida.

Solo espero que haya mucha gente, cercana. Eso querra decir que algo se ha hecho bien.

O que muchos quieren asegurarse de la buena noticia...

Marta dijo...

el porcentaje de muertos que prefieren los ataúdes (amplios, sin humedades y en las afueras), está muy por encima de los que se decantan por las urnas o los zapatos de hormigón
Pues a mi ningun muerto me ha dicho lo que prefiere... e igual si alguna vez lo hace la que tendré que ir decidiendo seré yo del susto ;)

Anna dijo...

M'acaba de venir al cap notícia d'un poble que va prohibir morir-se als veïns pq ja no hi havia espai al cementiri....

I si no complies...penalització...


juàs...

manu dijo...

Yo estoy en el sistema y desconfío absolutamente de él.

O sea, que hasta después de muertos siguen dando la brasa. ¿Dónde quedó eso del muerto al hoyo y el vivo al rollo o al bollo o...?

¿Y si en vez de VPO se construyeran pisitos tipo nicho? ¿No acabaríamos con el problema de la vivienda?