domingo, 27 de octubre de 2013

Demasiado MARACUYÁ (1)

Como todo el mundo sabe, hace mucho tiempo en un país muy lejano un kiwi se enrolló con una chirimoya. El resultado fue, además de un turbulento romance contra-natura (pues es bien conocido el fuerte temperamento sexual de los kiwis y no digamos el de las chirimoyas), el nacimiento de un nuevo espécimen en el firmamento frutero que recibió el acertado nombre de «fruta de la pasión».
La «fruta de la pasión» cosechó grandes éxitos en su país de origen sin embargo en el nuestro, acostumbrados a la delicada musicalidad de la «pa-ta-ta» y del «a-je-te», lo de «fruta-de-la-pasión» resultaba de muy mal pronunciar y en pocos días y de la forma más natural:
«FRUTA-DE-LA-PASIÓN» derivó en
«FRUTA-LA-PASIÓN» para seguir evolucionando hacia
«FRUTA-PASIÓN» y acabar quedándose en
«FRUTTASIÓN»
E inexplicablemente, la «FRUTTASIÓN» no gozaba del interés del libre mercado por lo que fue rápidamente rebautizada como maracuyá. Y aunque siguió sin venderse una mierda, lo cierto es que la historia tiene su gracia.
Pero lo más curioso del caso es que, al margen de los caprichos del mercado, el maracuyá no solo abunda sino que puede aparecer en el momento menos apropiado, y una noche en la intimidad de su hogar se dirige usted a la cocina para comerse una galletita salada y se enfrenta a la tragedia de que la caja está vacía; y ahí lo tiene: un maracuyá de dimensiones cósmicas.
Y es que por mucho que la comunidad científica se empeñe en negarlo (que no en demostrarlo) el asunto del maracuyá tiene bastante más enjundia de lo que pueda parecer de entrada. No en vano, existen estudios que demuestran que el maracuyá se rige por la 1ª Ley de la termodinámica: 
«EL MARACUYÁ NO SE CREA NI SE DESTRUYE, SOLO SE TRANSFORMA»
1. El maracuyá no se crea. Sencillamente porque éste ya viene de serie en el interior del individuo esperando la excusa más tonta para salir con una intensidad directamente proporcional al grado de expectativas depositadas (y fracasadas) del individuo que lo contiene:

  • Si el individuo tiene muchas esperanzas en el mundo y sus conciudadanos, además de ser un tontaina, padecerá de maracuyá hasta que se muera. También se ha demostrado que cuanto más avanzada la civilización, más predisposición al maracuyá.
  • Si por lo contrario sus expectativas vitales son las de un paramecio, entonces disfrutará de una feliz existencia totalmente libre de los efectos del maracuyá aunque con las comprensibles limitaciones de un organismo unicelular. Que hoy día con una sola célula se hace más bien poquito.
2. El maracuyá no se destruye, solo se transforma. Porque una vez ya se ha manifestado, el maracuyá lo acompañará mientras viva y lo único que podrá usted hacer será transformarlo en otra cosa por aquello de que nadie pueda decirle «Madre mía ¡tú tienes demasiado maracuyá
En todo caso, para saber en qué cosa se transforma tendrá usted que leer la segunda parte de este interesantísimo post. Mientras tanto, mantenga a sus kiwis bien alejados de las chirimoyas.

5 comentarios:

acolostico dijo...

Chirimoya son bien. Kiwis son bien. Maracuyas son mal.

Y donde quedan los pelos?

Helado de chirimoya, suena raro, sólo por eso ya gana.

Marta dijo...

Pues menos mal que la fruttasión derivó en maracuyá y no en physalis... ;)

(http://en.wikipedia.org/wiki/Physalis)

Rodericus dijo...

El único fruto del amor, es la banana.

¿ Robot yo ?.

Un beso.

Anna dijo...

jo és uqe sóc de Mango... (fruita, no la cadena de roba...)

lobloc.net dijo...

Me pasé la juventud leyendo libros de aventureros que viajaban a los mares del sur en busca de la fruta de la pasión. Ahora resulta que eran tontos por no ir directamente al súper a comprar maracuyá. Ya no podemos confiar ni en Salgari, ¡qué mal estamos!

Besitos,
Ivan